27 abr. 2011

ASTURIAS-CUBA "los que se quedaron"


Portada del libro Asturias-Cuba "los que se quedaron" con ilustraciones de Rodolfo Pico

Entre 1882 y 1930, hacinados en grandes buques, con escasez de comida y penosas condiciones higiénicas, tuvo lugar el primer éxodo de asturianos con dirección a Cuba en busca de un futuro mejor, lejos de la miseria y la superpoblación que por aquel entonces sufría el campo asturiano. Aquí no había para todos; allí, había sueños y la ilusión de una nueva vida, con posibilidad de conseguir formación y fortuna para el regreso. La guerra de Marruecos (1912-1928), o el deseo de librarse del servicio militar, que por aquel entonces era obligatorio y de larga duración, fueron otros de los motivos que llevaron a cruzar los mares a un gran número de jóvenes, principalmente varones. Cuando por aquel entonces un asturiano partía, siempre tenía en su pensamiento regresar rico a su tierra: algunos los consiguieron, otros no regresaron y nunca y los menos afortunados lo hicieron pobres y derrotados.
A estos primeros emigrantes, les siguieron los que se fueron entre los años 30 y 45 del siglo XX.  A los que partían por razones económicas, había que añadir los que lo hacían por causas políticas: republicanos exiliados, “niños de la guerra” o personas que ya en la Revolución de Octubre del 34, veían venir lo que se avecinaba y huían con sus hijos, reclamados por familiares que ya estaban asentados en la isla. La dura postguerra española, volvió a ser la causante de una nueva oleada migratoria de asturianos, muchas veces obligados por la propia subsistencia. En numerosos casos, estos asturianos eran recibidos por familiares o amigos que ya tenían negocios en la isla, principalmente comerciantes, bodegueros o industriales en general, que ya se habían abierto camino en Cuba.
A partir de finales de los años 50 del pasado siglo, con el triunfo de la Revolución Cubana, el histórico flujo migratorio entre Asturias y Cuba desapareció, invirtiéndose el proceso. Ahora, son los hijos y nietos de esos emigrantes, los que desean retornar, por los mismos motivos que lo hicieron sus padres y abuelos.
Al inicio del año  2010, tan solo quedaban 256 personas nacidas en Asturias, con residencia en Cuba, mayoritariamente en su capital, La Habana. Transcurridos diez meses desde la toma de datos, han fallecido 14 asturianos, alguno de ellos, a los pocos días de hacerles la entrevista que ahora se publica. Nos hubiera gustado reencontrarnos con los cien mil que algún día formaron parte del Centro Asturiano de La Habana, pero sirva de ejemplo este muestreo, hecho entre los que pudieron atendernos, a pesar de la ola de frío que atacó a La Habana cuando se iniciaba el 2010 y que impidió a muchos  asistir a las convocatorias organizadas por la Dirección del Centro Asturiano, o a nosotros poder visitarles en sus casas, debido a la falta de tiempo.
El actual Centro Asturiano de La Habana, o lo que es lo mismo, la Federación de Asociaciones Asturianas, tiene su sede en el número 309 del bellísimo Paseo de Prado, el cual se extiende desde El Malecón hasta el Parque Central de La Habana, donde se asoman los grandiosos edificios del primitivo Centro Asturiano, hoy convertido en Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro Gallego, sede del Gran Teatro de La Habana y del Ballet Nacional de Cuba. En esta nueva sede, desde la intervención en 1960 del antiguo edificio, se reúnen y organizan los nativos y sus descendientes, a través de cada una de las sociedades de las que se compone la Federación, heredera de la importante historia asociativa que los asturianos dejaron en la isla.
La primera de las sociedad fundadas en Cuba por los emigrantes asturianos fue la Sociedad de Beneficencia, inaugurada el 8 de septiembre de 1877 en honor a su patrona, la Virgen de Covadonga, con el objetivo de ayudar a los más necesitados, tanto a los que vivían en Cuba como a los que se habían quedado en su tierra y padecían una situación de miseria, e incluso a los que vivían en otro lugares de América. 
Casi nueve años más tarde, el 2 de mayo de 1886, tuvo lugar el inicio del que llegaría a ser el gran Centro Asturiano de La Habana, donde en un principio no se admitía a las mujeres como socias. Fue fundado por un grupo de cincuenta asturianos con el objetivo de procurar atención sanitaria, formación y ocio a todos los asturianos y sus descendientes. Su primer presidente fue Manuel Valle Fernández, esposo de Concha Heres y cuya estatua preside la Quinta Covadonga.
La primera de sus sedes, adquiridas en 1887 al antiguo Casino Español, fue arrasada el 24 de octubre de 1918 por un incendio, siendo  sustituido por uno de los edificios más grandiosos y lujosos de América, obra del famoso arquitecto Manuel del Busto, cubano residente en Gijón, el cual gana el concurso para su diseño y cuyo estilo, perteneciente al Renacimiento Español, le vino impuesto.
El Palacio del Centro Asturiano de La Habana, cuya primera piedra fue traída  de las canteras de Covadonga, ocupa una manzana completa en pleno centro de la ciudad, con fachada al Parque Central. Fue inaugurado en 1927, después de tres años del inicio de las obras, a pesar de la gravedad de las crisis económicas que asolaban al mundo, lo que pone de manifiesto el tesón de la comunidad asturiana. Su fundación corrió a cargo de los emigrantes con mayor poder económico, y si bien en un principio sus principales actividades eran las recreativas, con el tiempo se fue diversificando. Varias dependencias fueron destinadas a  funciones administrativas y aulas de enseñanza, donde estudiaron la mayoría de los hijos de los emigrantes (Plantel Jovellanos).  A su vez, se creó el Banco Asturiano de Ahorro, con sede en el mismo edificio social.
En 1960, el edificio del Centro Asturiano de La Habana fue nacionalizado para ser ocupado por el Tribunal Supremo Popular. Posteriormente, el interior del edificio fue totalmente rehabilitado y adaptado para su conversión en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y paradójicamente fueron eliminadas parte de las obras de arte que albergaba su interior, entre las que destacaba una magnífica lámpara compuesta por tantos cristales de bohemia como municipios asturianos, de la que se dice fue a parar a manos de los rusos.
A partir de la nacionalización del local social, los asturianos que permanecieron en la isla fundaron ese mismo año la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba, bajo la presidencia de Marcelino Albuerne López, natural de Cudillero, fijando su sede en el Paseo de Prado, continuando, con gran esfuerzo de sus directivos y asociados, con la obra social y cultural iniciada en la segunda mitad del siglo XIX.
La actual Federación (FAAC), que recientemente ha cumplido 50 años, se compone de 34 sociedades asturianas y otras 10 de origen castellano-leonés, gallego y andaluz, las cuales cuentan con unos 18 mil socios. La Junta General de la Federación, compuesta por los delegados de las sociedades, es el máximo órgano de la entidad.
En la actualidad, en la sede del Paseo de Prado, existen dos restaurantes abiertos al público, donde se puede disfrutar de la buena cocina y la hospitalidad de los asturianos en La Habana, así como en el restaurante de la Juventud Asturiana, situado frente al edificio del Capitolio, lugares de obligada visita para los asturianos que viajan a la isla y desean contactar con la historia pasada y presente de Asturias en Cuba.
Con posterioridad a la creación del Centro Asturiano de La Habana, en el año de 1897, se fundó la Casa de Salud Covadonga o Quinta Covadonga, la cual llegaría a ser una auténtica ciudad hospitalaria en los años veinte del pasado siglo.
Con el triunfo de la Revolución, la Quinta Covadonga fue asimismo intervenida por el Estado Cubano y pasó a convertirse en el Hospital Salvador Allende. En el municipio de Cerro de la ciudad de La Habana, pueden visitarse las antiguas instalaciones, cuyo edificio principal conserva el nombre de “Asturias”.
Otra de las instituciones vinculadas a los asturianos es el El Asilo Santovenia, atendido por la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados desde el 2 de febrero del año 1886, cuando tomaron posesión de la Quinta Santovenia, donada por Dª Susana Benítez de Parejo. Con la llegada de la Revolución la congregación fue excepcionalmente respetada, pudiendo continuar con su valiosísima obra hasta nuestros días.
La última morada de los asturianos en Cuba, era y es el Cementerio Colón de La Habana, donde el Pabellón de la Beneficencia Asturiana, ocupa un lugar relevante. Este impresionante cementerio ha sido declarado Monumento Nacional y se encuentra situado en las proximidades de la Plaza de la Revolución. Inaugurado en septiembre de 1872, está concebido como un campamento romano, diseñado por el arquitecto español Calixto de Loira y en él proliferan las obras de arte asociadas al más allá, la mayoría de ellas realizadas con mármol blanco de Carrara.
Según palabras del emigrante asturiano de mayor de edad, Constante Díaz Luces: “El Cementerio Colón es un buen sitio para descansar definitivamente, allí, hasta en el invierno, hace calor…”
Como habíamos dicho en páginas anteriores, en enero de 2010, quedaban 256 asturianos nativos en Cuba. A finales de este mismo año, la cifra ha descendido hasta los 242, cuando hace apenas siete años, el número se duplicaba; la gran mayoría viven en la ciudad de la Habana, donde residen 203 asturianos, seguidos por la ciudad oriental de Camagüey con 21. El resto se dispersa, en menor número, por otras ciudades como Villa Clara, San Antonio de los Baños, Sancti Spíritus, Holguín, Cienfuegos, Ciego de Ávila, Las Tunas, Matanzas, Pinar del Río, Santiago de Cuba e Isla de la Juventud.
Las mujeres superan en más del doble a los hombres; mientras que el saldo femenino es de 172, los varones se contabilizan en número de 84 y en cuanto a la edad, tan solo quedan 8 emigrantes menores de 65 años, mientras que el menor de ellos tiene 56 años, el mayor ya ha cumplido los 100.
Por lugar de nacimiento, el concejo asturiano que cuenta mayor número de nativos es el de Valdés, con 33 emigrantes, seguido por los de Tineo, Oviedo, Gijón y Cabrales. De los 78 concejos asturianos, 55 aún tienen representantes en la isla, los cuales, una vez cumplida la edad de jubilación, reciben la “pensión no contributiva” del Gobierno Español, que les permite vivir muy por encima de la media de los cubanos. Los menores de esa edad, reciben una ayuda anual del Principado de Asturias, mientras que los “niños de la guerra”, con un censo de 13 emigrantes, disfrutan de una mayor remuneración. Anualmente, mediante el Plan Añoranza o los viajes del Imserso, visitan sus lugares de origen, compaginado con unos días de vacaciones en las costas españolas. La gran mayoría, tiene el mismo sueño o deseo: regresar para quedarse definitivamente en su tierra, con las contradicciones propias de quien ha hecho su vida muy lejos de su lugar de origen, que a su vez les hace expresar un sentimiento de duplicidad: su corazón, está partido, entre Cuba y Asturias.
Mucho es lo que se ha escrito sobre la emigración asturiana, mucho es lo que todavía quedar por decir, especialmente sobre los que nunca retornaron o los que lo hicieron pobres y derrotados. La intención de este trabajo es hacer un pequeño homenaje a los nacidos en Asturias que aún permanecen en la isla, un pequeño recordatorio con toda nuestra admiración y cariño hacia esas mujeres y hombres, abuelos en su mayoría, que no queremos olvidar y a los que tanto debemos, cuyo sueño, en la mayoría de los casos, es regresar de nuevo a su tierra.
En tiempos de bonanza, fueron los emigrantes los  que enviaron remesas a los familiares que permanecían en Asturias, ahora nos toca a nosotros, al menos, pagarles con la misma moneda, ya que “los que se quedaron” no son precisamente los más pudientes, sino esa clase trabajadora y comprometida que le tocó, por uno u otro motivo, luchar lejos de su tierra y de su gente y de los que casi nunca se habla.


Manuel Peláez López con su madre. Este reconocido asturiano, ha sido el inventor de la Ceremonia del Cañonazo.

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