1 may. 2011

Asturianos en Cuba. La familia Posada Medio

Con los hermanos Posada Medio y el escritor Raúl Hérnandez Ortega en San Antonio de los Baños en Enero de 2010. Un día inolvidable con los emigrantes asturianos en Cuba

Texto sobre la Familia Posada Medio del libro Asturias-Cuba "los que se quedaron":

                                               FAMILIA   POSADA   MEDIO
“Un largo peregrinaje entre la oscuridad y la luz”
La familia compuesta por los hermanos POSADA MEDIO, es la más numerosa dentro de los emigrantes nativos asturianos que aún viven en Cuba. Esta unida familia, la cual emigró huyendo de la  Guerra Civil Española, está asentada en San Antonio de los Baños, con excepción del mayor de los hermanos, Eugenio, que vive en la ciudad de La Habana junto a su esposa. Eugenio  ha sido el portavoz de la familia y el responsable del relato de la odisea familiar, tomando como fuente las cartas de la época y los recuerdos de todos ellos. Su historia ha sido recientemente publicada en Cuba por el escritor Raúl Hernández Ortega bajo el título “La casa en un morral”, obra que ha sido galardonada con el Premio Memoria 2010 del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Nuestra enhorabuena a “Raulito” y a toda la familia Posada Medio por haber conseguido este sueño.

En el año 1936 nuestra familia vivía en Villaviciosa; estaba compuesta por el padre, Eugenio Posada (4/8/1898 ), la madre, Teresa Medio (23/4/1894), los hijos, Eugenio -Genín- (18/7/1925), Francisco -Paco- (21/7/1926), José Luis -Pepe- (10/2/1929) y María Teresa -Marite - (9/8/1930), la tía Herminia Medio -La Chata- (23/8/1892)  y el abuelo Andrés Posada. Excepto el abuelo, todos vivíamos en la misma casa, en la cual nacimos  los cuatro hermanos.
El 18 de julio de 1936 (día de mi cumpleaños), estalla la Guerra Civil, yo me encontraba en un pequeño balneario de aguas termales en La Hermida de Cantabria,  el cual mi abuelo visitaba anualmente, y en ese año me invitó para que le acompañara. El citado día, el abuelo me dijo: “Tenemos que salir inmediatamente para la Villa, empezó la guerra”  y así lo hicimos. Esa salida precipitada se repetiría varias veces en nuestras vidas.
En la Villa, para nosotros los niños, la vida seguía normal. No conocimos de la lucha para  ocupar los cuarteles de Simancas  y El Coto, en Gijón a 33 km, ni de las batallas en Oviedo, a 44 km.  Lo único anormal  que recuerdo, era que mi padre, a veces, llegaba a casa vestido de civil y con un estuche de madera en bandolera, que servía como culata para una pistola que estaba colocada en su interior. El se había incorporado a las milicias, alcanzando el grado de capitán el 25 de julio 1937.
Un día de  septiembre de 1937, mi padre  aparece en la casa diciendo que teníamos  que salir urgentemente de la Villa, entonces mi madre arrancó las cortinas de la sala,  con las cuales hizo unas bolsas para colocar en las mismas lo indispensable y al día siguiente mi padre nos condujo al puerto de El Musel en Gijón, para ser evacuados en el buque de carga “Santiago López”. Los evacuados fueron situados en las bodegas, pero mi padre nos acompañó hasta un pequeño camarote con dos literas. En el camarote colocó dos sacos con botellas de sidra “El Gaitero”, lo que considero que formaban parte del soborno por el trato preferencial  recibido. Como detalle curioso recuerdo que cada botella venía protegida por una especie de estuche de paja para que no se rompieran.
El buque llega a Francia, entra por la Gironde, y desembarcamos, si mal no recuerdo, por Pauillac, cerca de Burdeos. Piden que nos desnudemos y nos aplican chorros de agua mediante mangueras, luego nos aplican una grasa en los cabellos, supongo que para los piojos  y finalmente una inyección, la primera en mi vida. Posteriormente nos sitúan en un tren rumbo a la frontera franco-española. Entramos de nuevo en España por Puigcerdá, llegamos a Barcelona, desde donde nos remiten a un refugio en Castelltersol.
Mi padre permanece en Villaviciosa hasta el  día que llegan las tropas franquistas, el 20 de octubre de 1937, logrando escapar ese mismo día, con grupo de compañeros de la plana mayor, en una pequeña embarcación, que para esos fines tenían preparada en El Puntal, a 7 km. de la Villa. La embarcación era utilizada para trasladar sidra desde la fábrica ”El Gaitero” hasta Gijón y  un práctico la había llevado desde la fábrica hasta el Puntal, lo cual le costó la vida, ya que fue  posteriormente fusilado por los franquistas.
Mi padre y sus compañeros llegan a Francia y se repite el proceso: remisión a la frontera y llegada a Barcelona. Una vez en Barcelona, nos localiza en el refugio y posteriormente se incorpora al ejército con el grado de capitán.
El refugio en Castelltersol, un gran edificio de tres plantas, estaba totalmente lleno de refugiados, mujeres, niños y ancianos, procedentes del norte de España, vascos, gran parte de ellos. La vida en el refugio era dura, fundamentalmente debido a la escasa y pésima alimentación que recibíamos, tan solo un pedazo de pan por la mañana y un espeso puré verdoso, de sabor y origen indescifrables, como comida y cena, día tras día. Algunos  muchachos, nosotros entre ellos, acudíamos a los campos a desenterrar y robar las patatas antes de que las cosecharan, las cuales luego asábamos en hogueras. También  recogíamos setas en los bosques, piñones de los pinos y bellotas.
Durante la estancia en Castelltersol, no nos aceptaron en la escuela, nuestros padres, con gran sacrificio e intuyendo el futuro, le pagaron a un profesor para que nos enseñara francés a los tres varones. Transcurre el tiempo y las condiciones en el refugio empeoraban en lo que se refiere a la alimentación; la ayuda que recibíamos de Carmen, la tía materna que vivía en París, era insuficiente, los padres deciden, como paliativo, enviar a nuestro hermano Paco con una familia en Mollet, cerca de Barcelona, la cual tenía mejores condiciones y a mí a Sabadell, a la casa de un oficial de Intendencia, en la cual como es de suponer, no faltaba nada, tenían de todo y en abundancia.
En algún momento, fecha que no puedo precisar, considerando las condiciones del refugio,  mi padre alquila una pequeña casita a la salida de Castelltersol, previendo el nacimiento de   Gonzalo, lo cual ocurre el 1 diciembre 1938.
El 26 de diciembre 1938 cae Barcelona en poder de los franquistas, la familia de Mollet sale con Paco precipitadamente hacia la frontera, sin poder comunicarse con nosotros. El 6 de enero, yo me encontraba ya en Castelltersol, salimos, mediante un salvoconducto del Estado Mayor de las Fuerzas Blindadas, emitido a nombre del abuelo, en un automóvil hacia Banyoles, seguimos a Figueres y luego abandonamos el auto para cruzar los Pirineos a pié, de noche, por el puerto Le Perthus; mi madre con Gonzalo de dos meses en brazos, el abuelo con su acostumbrado bastón.
Cruzada la frontera, nos dirigen a un campo rodeado de alambradas, custodiado por tropas coloniales africanas, que habían preparado en las afueras de Le Boulou, aproximadamente a 12 km. de la frontera, para alojar 10.000 refugiados en tiendas de campaña, las cuales llegaron a albergar hasta 20.000 personas. Debido a las pésimas condiciones de este campo, muy  pronto empezaron a sacar a las mujeres y niños para enviarlos a refugios en distintos lugares. A nosotros, incluyendo al abuelo, nos enviaron, con un grupo de 39 personas, a un refugio en Nieul, Haute Vienne, en el centro de Francia, donde llegamos antes del 14 de enero.
Este refugio era una instalación para acoger veraneantes, con cocinero y buena comida que para  nosotros era una maravilla. Tan pronto llegamos, empezamos a enviar cartas a todos los familiares y conocidos, a la tía Carmen en París, a un amigo de nuestro padre en Burdeos, a un tío en Cuba, etc. Pronto nos llegaron noticias, pudimos conocer que Paco estaba en un refugio en Bar Sur Seine, al sur de París y  nuestro padre en un hospital en Limoux, Aude, al sur de Francia. Mi padre y la familia de Mollet, también habían hecho lo mismo, escribir a todos, creándose una red que nos permitió intercomunicarnos. Tan pronto tuvimos esas noticias les escribimos al hospital y refugio respectivamente.
Inmediatamente inicié en la Alcaldía las gestiones para solicitar el traslado de nuestro hermano Paco hacia el refugio de Nieul, (con el francés aprendido en Castelltersol, yo actuaba como intérprete del grupo y enlace con las autoridades), pero estaba prohibida la salida de los refugios y solamente después de repetidas gestiones se logró que Paco llegara a Nieul a principios de abril.
A los pocos días de nuestra llegada a Nieul, el 25 de marzo, el Alcalde me mostró una comunicación recibida del Ministerio del Interior, ordenando  que se preparara una lista de todos los refugiados para ser deportados obligatoriamente hacia España el 28 de marzo.  Daban la opción de cruzar la frontera por dos puntos: por Cerbère hacia Port Bou, Cataluña o por Hendaya  hacia Irún. Entonces, nuestra madre  envió un telegrama  a nuestro padre para informarle de la situación y otro para que se hiciera cargo de Paco, que estaba en el refugio cerca de París.  Afortunadamente  no realizaron  deportación alguna en ese momento.
Mi padre cruzó la frontera con el ejército en retirada, muy probablemente pasó por el campo de Argelés, pues estaba ingresado ya el 16 de febrero en el hospital de Limoux, Aude. Nunca supimos la razón por la cual fue ingresado. Salió del hospital y en la primera semana de marzo ya estaba internado en el campo para oficiales en Montolieu.
Desde Limoux  primero, y en Montolieu después, inicia las gestiones para salir hacia Cuba, donde reside su hermano Emilio. Recibe dinero de su hermano y la documentación necesaria que le permite salir del campo para dirigirse a París; obtiene pasaportes y pasajes para él y el abuelo y luego llega a Nieul para vernos y recoger al abuelo. Pasa unos días con nosotros y durante su estancia,  hace buena amistad con dos maestros, que luego sirvieron de intermediarios para recibir los giros que nuestro padre nos enviaba de Cuba. El 11 de mayo se despiden de nosotros y ambos salen por Burdeos hacia Cuba el 13 de mayo 1939.
En la segunda quincena de mayo, en el refugio restringen la alimentación y posteriormente lo clausuran, enviándonos a otro situado en Beaune les Mines. 
Beaune les Mines era un pequeño poblado rodeado de bosques, que sirvió de alojamiento a los trabajadores de una mina, en aquellos momentos abandonada. El refugio no tenía buenas condiciones, estaba a 4 km de Rilhac Rancon, donde se encontraba las oficinas oficiales, escuela, tiendas, correo, etc,  por lo cual era necesario ir hasta allí diariamente para realizar cualquier gestión. En Rilhac Rancon logramos, a fines de mayo, matricularnos en la escuela donde íbamos diariamente, obteniendo muy buenos resultados gracias a las clases de francés recibidas en Castelltersol. Posteriormente, los maestros de Nieul  alquilaron para nosotros una  casita por 60 ƒ/mes,  con el dinero que les enviaba nuestro padre.  La” casa”,  era una habitación con dos camas, una para la madre y la tía, otra para los cuatro hermanos, una cunita para Gonzalo y una sola silla para mi madre; eso era todo, ni mesa teníamos, escribíamos sentados en el suelo, apoyando los papeles sobre las rodillas. No tenía servicio de agua.
Durante el verano, nuestra madre, preocupada como siempre por nuestra educación, le pagó a un maestro para que nos diera clases durante las vacaciones. La tía, desde París, continuó enviando  paquetes con comida y recibíamos de nuestro padre pequeños giros a través de los maestros de Nieul, lo cual nos permitió vivir mejor que en Castelltersol. Los gendarmes  nos visitaban con frecuencia para tratar sobre la deportación; les mostrábamos las cartas y giros recibidos y se contenían, pero insistían en deportar a la tía.  
Desde su llegada a Cuba nuestro padre realizó múltiples gestiones tratando de obtener ayuda para que pudiéramos salir hacia allá. Sus solicitudes no surten efecto alguno, solamente existe constancia de que la Casa de la Cultura y Asistencia Social ofreció $25.00, teniendo en cuenta que otros muchos estarían en las mismas circunstancias que nosotros.
Llega el mes de agosto, no podemos ir a la escuela pues dicen que llegarán 200 soldados franceses, pasan muchos aviones, llaman a filas, requisan autos y caballerías… Hay rumores de que se acerca la guerra. La tía Carmen abandona París, pasa a vernos el 19 de agosto, para luego dirigirse hacia el sur y  salir posteriormente hacia España. En agosto nos visitan los gendarmes para conocer donde se encuentran nuestro padre y el abuelo, les informamos y nos dejan tranquilos por un tiempo.
Hay presagios de guerra, la cual estalla el 1 de septiembre de 1939. Inmediatamente decretan la movilización general, empiezan a llegar refugiados del norte, fundamentalmente alsacianos. Los maestros de Nieul vinieron a despedirse, habían sido movilizados. Recibimos un cheque de nuestro padre, no hay transporte, vamos con nuestra madre a pié hasta Limoges, a 10 km, para poder cobrarlo. En octubre empiezan las clases pero no nos aceptan en la escuela.
Mi padre, con el fin de poder sacarnos de Francia hacia Cuba, obtiene el 2 de octubre de 1939 , un Acta Notarial, en la cual declara, conjuntamente con dos testigos, que nuestra abuela materna era cubana, según consta en documentos que se quedaron en España, nacida en Güira de Melena, de lo cual existía constancia  en la parroquia. Por lo tanto nuestra madre, nosotros y la tía éramos cubanos. (La abuela nació en Cazanes, aldea cerca de Villaviciosa).
Mediante la referida Acta se inicia en el Ministerio de Estado el expediente  para nuestra repatriación hacia Cuba. El 10 de octubre, el Cónsul cubano en Burdeos, de acuerdo a instrucciones recibidas, se pone en contacto con  nosotros y nos envía los formularios para solicitar los pasaportes. Nuestra madre envía los formularios, fotos y el dinero, recibiendo  dos  pasaportes, uno para ella e hijos y el otro para la tía, el 11 de noviembre de 1939. Con los pasaportes en nuestro poder, los gendarmes no insistieron en la deportación hacia España.
En diciembre recibimos un telegrama para que nos pongamos en contacto con el Cónsul cubano en Burdeos para proceder a nuestra repatriación, enviamos carta al Cónsul  pidiendo nos informara de la fecha de embarque. El 23 enero 1940 recibimos su respuesta,  diciendo que no estaba fijada y avisarían. Esperamos en vano. Solamente, meses después, el Cónsul se comunicó con nosotros.
El invierno 1939-40 se presentó muy fuerte, en enero bajó la temperatura a -20 C, no teníamos calefacción ni ropa adecuada; una nevada continua por más de 8 días, nos obligó a los cuatro hermanos a permanecer acostados todo el tiempo para poder mantenernos calientes; comíamos en la cama. Escaseaba la leña, la nieve nos impedía ir a buscarla al bosque .El agua para lavarnos, que teníamos  en un cubo dentro de la habitación, se congelaba con una capa de hielo de 3 cm en la superficie.
En febrero mejoró algo el tiempo, continúa el frío y hay bastante nieve, entonces nos contratan para cortar y aserrar pequeños árboles en el bosque, propiedad  una familia francesa que se utilizaba para cocinar y calentarnos. El grupo estaba formado por dos franceses mayores y nosotros, Pepe (10 años), Paco (12 años), yo (13 años), y dos niños refugiados. En el mes de marzo nos pagaron 60 francos para los tres. El primer salario de nuestras vidas.
A finales de mayo empeoran las condiciones y se agrava nuestra situación, somos los únicos refugiados españoles que permanecemos en Beaune, los demás, en su mayoría, se han visto obligados a regresar a España, otros, hacia  otras localidades. Los refugiados alsacianos continúan en  el lugar.
En junio nos llega la tan esperada comunicación del Cónsul para presentarnos en Burdeos y embarcar hacia Cuba, pero nos llegó el mismo día que indicaban zarparía el barco, por lo que fue un nuevo golpe. Al no llegar nosotros a La Habana en el barco en el cual nos esperaban, envían el 26 de junio 1940,  una comunicación oficial al Cónsul solicitando informe sobre el paradero de Teresa Medio y familia. Para nosotros era muy tarde, el ejército alemán había llegado a París el 10 de junio, posteriormente ocuparon toda la costa  atlántica hasta la frontera española; nuestra posibilidad de salir por Burdeos había desaparecido.
En el  mes de julio no nos llegan remesas de Cuba para poder comprar comida, ya no recibimos paquetes de alimentos de nuestra tía, el refugio no existe y nuestras reservas disminuyen.  En esas condiciones mi madre toma, con todo el dolor imaginable, la única decisión posible, no tenía otra alternativa que regresar a España utilizando el dinero que reservaba para el viaje a Burdeos.
Vamos a Limoges, y tomamos un tren para dirigirnos hacia la frontera. Llegamos a la Zona Ocupada, militares alemanes inspeccionan los vagones, al mostrar nuestros pasaportes cubanos nos conceden un salvoconducto que nos permite continuar por la Zona para llegar a Hendaya y cruzar la frontera hacia Irún el 25 de junio de 1940, donde nos vacunan y continuamos  por tren hasta Oviedo, donde vivía Hortensia,  tía materna.
Una vez en Oviedo, informamos inmediatamente a nuestro padre y permanecemos allí mientras en Cuba hacen todas las gestiones necesarias para que nosotros podamos salir.
El 3 de septiembre de 1940 salimos de España por el mismo lugar donde tres años antes habíamos iniciado nuestra peregrinación: el puerto de El Musel, pero ahora en distintas condiciones y con otro destino. Embarcamos en el  “Marqués de Comillas” con rumbo a Cuba, llegando a La Habana el 18 de septiembre de 1940, finalizando así el éxodo familiar y con la posibilidad de iniciar una nueva vida.
En Cuba nos esperaba nuestro padre el cual ya tenía un garaje en San Antonio de los Baños, siendo en esta bella población, localizada al suroeste de La Habana, donde tuvo lugar el reagrupamiento familiar y donde estudiamos y trabajamos duro para reconstruir nuestras vidas lejos de nuestro lugar de origen.

El reconocido caricaturista José Luis Posada Medio

PREMIOS MEMORIA 2010 (Cuba)

Entre las diversas actividades de la XIX Feria Internacional del Libro, está prevista la entrega de los Premios Memoria 2010, por parte del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
En este certamen se presentaron 50 proyectos y entre los premiados figura La casa en un morral, del escritor ariguanabense Raúl Hernández Ortega, quien incorpora este importante reconocimiento a su extensa trayectoria.
El acta del jurado, haciendo referencia al proyecto de Hernández Ortega, señala: Por constituir un proyecto de excelencia con un tema de renovado interés humano. Sin alardes innecesarios el escritor ha logrado —de la primera a la última línea— irnos enamorando del libro que vendrá, cuya estructura además de coherente y funcional, se revela en extremo atractiva.
Por primera vez este autor enfrenta un proyecto de carácter testimonial, en el que se narran las vicisitudes que tuvieron que enfrentar la madre y la tía de los hermanos Posada Medio, quienes en 1937 se vieron obligados a forzosa salida de Villaviciosa, Asturias y después de tres años de avatares por Cataluña y Francia, arriban a Cuba en 1940. Aquí se radican en San Antonio de los Baños, donde se produce el recuentro de las dos mujeres y los cinco niños de la guerra con Eugenio Posada, padre de estos.

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