9 feb. 2016

Las últimas cabañas de piña del concejo de Amieva

Las últimas cabañas de piña del concejo de Amieva (Picos de Europa)

Desde tiempos inmemorables los pastores de los Picos de Europa, y en particular del concejo de Amieva, ocuparon con sus ganados las altas y ricas praderías del Cornión y Precornión durante los veranos. Hoy en día son muy pocos los que aún realizan esa trashumancia ocasional, últimos testigos de una cultura milenaria que en pocos años desaparecerá sin remedio, ante la impasibilidad de casi todos.


Las majadas (mayáes) son auténticos oasis de verdor situadas entre los altos riscos de una orografía imposible, dónde tan solo los ganados y los pastores -montañeros de élite- son conocedores de sus secretos. Cuando la primavera comienza a hacer acto de presencia “la mayada” actúa como un imán para el ganado y si no se le controla él solo emprende el camino hacia el ansiado “veraneo”.



Cada uno de junio, momento acordado por los pastores, los pastizales de la alta montaña quedan oficialmente abiertos a los rebaños de vacuno que, sorprendentemente y de forma ordenada, se dirigen hacia los lugares donde nacieron sin que nadie les señale el camino.


Dentro de la mayada y su orla de verdes praderías, aparecen los restos de las cabañas, refugio del pastor que otros tiempos vivía con el ganado durante todo el verano. Esas cabañas eran de varios tipos entre las que destacan las tres últimas cabañas de piña que quedan en el concejo de Amieva.

Desde hace más de seis mil años, los pueblos de los Picos de Europa tuvieron que arreglárselas para autoconstruir sus refugios, utilizando los materiales que la Naturaleza les ofrecía y así poder evitar dormir en las húmedas cuevas de sus antepasados.

Las tres cabañas de piña a las que hacemos referencia, responden al modelo más ancestral y se cree que provienen de los antiguos Vadinienses, pueblo prerromano de origen cántabro que supo adaptarse a las dificilísimas condiciones de este vertical y bellísimo rincón de Asturias.



Para mucho daría este tema, profundamente estudiado por mi querido amigo Jaime Izquierdo Vallina y otros “románticos” y cuyas lúcidas críticas y propuestas de soluciones no ha contado, hasta el momento, con el apoyo de nuestras instituciones. Tal vez aún estemos a tiempo de salvar los restos de una cultura irrepetible y que en toda Europa conservan como un auténtico tesoro. En palabras de J. Izquierdo solo tendríamos que aplicar las soluciones de nuestros vecinos franceses, solo se trataría de querer, no es imposible.

Las tres únicas “cabañas de piña” que quedan en pie en el concejo de Amieva se localizan en lugares de difícil acceso, dos de ellas al este del río Dobra –uno de los más puros de Europa- el cual delimita los Picos de Europa, y en concreto el macizo occidental o del Cornión por su base, como un cuchillo de aguas frías y transparentes que nos permite apreciar con claridad el borde oeste, por donde el gran macizo calcáreo emerge de la tierra, como si de una gigantesca geoda se tratara.


Las majadas “mayáes” donde se localizan estas reliquias etnográficas son: Ozania, Teyeres y Calapozu.

Las dos primeras se sitúan en los desplomes del macizo del Cornión que caen a pico sobre el río Dobra, a los 1640 y 2300 m. de altitud, respectivamente.

Esta imagen, hecha desde Teyeres, igual que las siguientes, se las debo a mi amigo y guía-autóctono, Liano Priede.
La cabaña de piña mejor conservada es la de Ozania, situada en el lugar conocido como Jou de la Perra. Fue construida por Teodoro Fernández en los años cincuenta del pasado siglo en un paraje de difícil acceso, aún frecuentado por Narciso Llanes de Amieva que a su edad aún sube cual cabra montesa, con la velocidad del rayo y se conoce cada recoveco y cada piedra del camino. La misma guardería de montaña recurre a él cuando hay que hacer algún difícil rescate.

La cabaña de piña de Ozania (Jou de la Perra), es la mejor conservada de estas reliquias


Más arriba de Ozania, bajo el mismo Mirador de Ordiales (desde el que también se puede acceder a ella), se encuentra la “mayada" de Teyeres que conserva una única cabaña en muy mal estado de conservación y de la que no conocemos su constructor. Sus últimos ocupantes fueron Hilario y Amado Fernández. Uno de los hijos de Amado, Paulino de San Román, aún sigue frecuentando la mayada de Ñavilleru en las faldas del Cabroneru, donde existió una única cabaña, cubierta a un agua con banzones (piezas de madera a modo de grandes tejas).

Esta antiquísima majada de Teyeres ya no se utiliza como tal por los pastores y su única cabaña de piña corre serio peligro de derrumbe si no se toman urgentes medidas de conservación.



Actualmente solo algún pastor frecuenta estas verticales tierras en busca de alguna intrépida vaca que acuden a la llamada de sus ricos pastos con el consiguiente peligro de mortal desplome.

La tercera de estas cabañas de piña la encontramos en la “mayada" de Calapozu, protegida por el mismo picu Cabroneru, el cual domina el paisaje del Precornión con sus casi 2000 m de altitud. Esta majada se localiza en la vertiente suroeste del Cabroneru, en torno a los 1500 m de altitud, con acceso a partir de las majadas de Sahugu y Toneyu o bien a través de puerto de Beza. Los pastores, sin duda,  serán nuestros mejores guías.


Gracias a la información   prestada por los pastores de mayor edad del concejo de Amieva que hicieron “mayá” en estos lugares, como Cándido de Carbes, de privilegiada memoria, podemos conocer la técnica con la que se levantaban estas cabañas. Según sus palabras, el procedimiento era el siguiente:

En primer lugar se delimitaba la base, en redondo, y se tendrían preparadas las piezas de piedra caliza, único material con el que se contaba ya que la madera es prácticamente inexistente a estas altitudes. Las piezas más grandes y de forma alargada, se colocaban en la hendidura practicada en la base. Estas primeras piedras se inclinaban hacia el interior y luego se remataban con otras redondas a modo de “tapa”. A continuación, uno a uno, se iban cerrando los distintos anillos, cada vez más pequeños, hasta finalizar con pequeñas piedras colocadas como “una piña”. Al interior resultaría una bóveda finalizada en pico. Los muros no contaban con ningún tipo de “rejunteo”, se colocaban “en seco” y los espacios vacíos se rellenaban con piedras de menor tamaño.

En el interior, el suelo era de piedra y al fondo de la cabaña se incrustaba una viga de madera de haya “cabiñeru” que servía como banco y como cama. El colchón “colchonetu” se hacía con hierbas secas y duras procedentes del pastizal de alta montaña.

En el centro de la cabaña se situaba el lugar donde se hacía el fuego para cocinar “llar” que consistía en una pieza de piedra sobre la que se colocaba la leña y una rudimentaria parrilla de hojalata, hecha con latas de aceite. Sobre ella se hacía “la torta”, base de la alimentación de los pastores, junto con la leche, la manteca y el queso. En ocasiones añadían a esta dieta básica chorizos y otros productos del “sanmartino” que traían de las aldeas y solo en ocasiones contaban con café. El agua fresca nunca faltaba, procedente de las fuentes de “la mayá” ni tampoco el buen humor. Para los pastores este tiempo solía ser alegre, no tenían mucho trabajo –comparando con los duros inviernos en las aldeas-, más que cuidar de los rebaños y guardar a los “xatos”  durante las noches para protegerlos de los ataques de los lobos. El resto del día lo empleaban en ordeñar y hacer quesos, que curaban dentro de la cabaña, sobre unas tablillas de madera “talamera” situadas sobre el “llar”. Muchos de ellos eran auténticos artesanos con la madera e incluso “poetas”, como “El Mollerín” que hacía majada en Gioves.

Tengo que volver a ver a Cándido de Carbes con más tiempo, se sabe de memoria la “trova de Gioves” que comienza así…

“En este bello paisaje y en esta bella majada
y en esta humilde chozina que hoy se encuentra abandonada
entre sus rústicas paredes y entre sus oscuros rincones
se encuentran almacenadas todas mis ilusiones”…

Hoy en día dos hombres, empresarios de éxito,  han dejado el mundanal ruido para irse a vivir a sendas majadas, dicen no necesitar más para ser felices y no son los primeros, el mismo Frasinelli (el alemán de Corao) o Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, encontraron en estas tierras su particular paraíso. 

7 comentarios:

  1. Qué maravilla de entrada Belén. No las conozco ,precisamente por su difícil ubicación, pero me ha encantado el detallado estudio que haces de ellas, son además, bellísimas!!!. Muchas gracias y no tardes tanto en publicar. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Menudas joyas nos muestras esta vez Belén, que maravilla de construcciones. Me ha encantado el reportaje, un fuerte abrazo desde Cantabria.

    ResponderEliminar
  3. Emotivo siempre que se recuerdan vistas al pasado desde cumbres y collados; en semicumbre o a media ladera y por costumbre es bueno mirar con futuro lo vivido.
    Garcilaso, ése mitad de todo un poco y, tal vez, por eso gran hombre de prosa y poética palabra puso en bocas de tantos que tenían por aliento en horas de descanso tomar libreta y escribir aquello otro que leían. Componiendo al sol esclarecido o al apagado del anochecer que la lumbre solía darles esa otra que a falta motivaba leyendas y narraciones o ensoñaciones varias. Pastoriles andanzas de olímpicas cimas y aunque diferían por vestidos y sombreros no poco encaminado andaría.

    A mí, esas falsas bóvedas me recuerdan a los chozos que por comarcas de La Mancha, por poner otros ejemplos, en Tomelloso y Alcázar suelen hacer y solían los labradores y/o pastores al entresacar de la tierra para su preparación del cultivo o para muretes los sobrante. Digo que es por lo tanto innata de hombres y mujeres en todas partes iguales o por parecidos en Libia o, incluso, los altos de lugares Atlas que usted bien conoce. Nada que no ns venga de tanto atrás si tenemos en cuenta que sólo los materiales empleados son los evolutivos, no así la idea; tengamos por tanto ejemplo, la rueda.
    Culturalmente es importante, más de lo que piensan algunos y es posible que con el tiempo se regrese a esos lares y vuelvan necesidades de subsistencia, aunque más por hastío de la urbe que por procurada. No es la primera vez que ocurre a lo largo de la Historia; ya determinados ciudadanos romanos tomaron esas decisiones y hartos dejaron sus grandes avenidas por valles, collados, montes y majadas. Ser del campo y aldea no implica ser menos pues a veces con menos se es más de lo que se desea tal y como respondió Luz en un concierto, cuando un alardeante y creso cordobés le espetó vente conmigo que yo tengo de todo.
    El tema es que las tobas, las calizas son armas de conexión especialmente allí dónde las haya; suele ocurrir.

    Las narraciones son fantásticas pero ésta aquí expuesta si la pusieras en bable sería incluso brutal, supongo.
    Y eso que hay notas para saciarse a tragos.
    Pues eso; el texto ilustrado con esa fotos sabe muy docentemente.
    Salud, Libertad y Monte...por si acaso :))´
    Bicos

    ResponderEliminar
  4. Gracias, Paloma, Xuan Xosé, Germán y d:D´, a pesar del tiempo transcurrido por exigencias del obligado trabajo, es todo un placer reencontraros; ahora mismo acudo a visitaros. Un fuerte abrazo para los cuatro.

    ResponderEliminar
  5. Qué interesante y que maravilla de lugar.. Me encantan las fotos y el post.. Enhorabuena..

    ResponderEliminar
  6. Gracias por tu visita, Ana, es todo un placer comprobar que los asiduos continuáis por aquí. Un abrazo desde el Norte.

    ResponderEliminar

Escribe aquí tu comentario o tu opinión y te responderé encantada.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...