Siguiendo ruta por el concejo de Amieva, uno de los más espectaculares y desconocidos de nuestra Asturias, podremos comprobar que no existe aldea donde no se encuentre alguna joya arquitectónica en estado de total abandono o de irremediable ruina que guarde, entre los muros que se resisten a morir, retazos de nuestra historia.
El pueblo de Amieva, que fue capital del concejo del mismo nombre, con anterioridad a Sames, es un bello enclave de población cuyas casas se encuentran adaptadas a la abrupta pendiente del terreno, entre los pies de la sierra de Amieva y el curso alto del río Sella, bordeado en su totalidad por tierras de pastores.
Desde el pueblo se accede a una de las puertas de entrada al Macizo Occidental de los Picos de Europa a través del fabuloso Valle de Angón, así como a la Senda del Arcediano y a las altas majadas "mayaes" de Ordes (dónde se localizan los restos de un dolmen) y Baenu, hoy en día bien comunicadas por una vertiginosa pista ganadera.
En la actualidad, la apariencia de este núcleo de población es el de una aldea de montaña adaptada a los nuevos tiempos donde proliferan viviendas de nueva fábrica, pintadas de vivos colores, entre las que se conservan otras de gran antigüedad con sus hórreos y paneras, junto a las ruinas de un rico patrimonio que esconde sus raíces en época alto medieval.
Dentro del patrimonio abandonado de Amieva destaca la Casona del Socuestu, aún a tiempo de ser salvada de la ruina.
Se sabe que en este edificio estuvo ubicada la Casa de la Tesorería o Casa de Pesas y Medidas, en la que se cobraban los impuestos municipales, cuando Amieva era capital del concejo, a la vez que fue cuna de varios hidalgos.
Su estilo arquitectónico responde al barroco y al popular asturiano de los siglos XVII-XVIII. En la fachada latera destacan dos ventanas saeteras de derrame externo, rematadas por hornacina abocinada y en el piso superior aparece una galería cerrada por tablones de madera y ventanas con restos de vidrieras. A ambos lados de la galería, orientada hacia los Picos de Europa, se colocan dos ventanas rectangulares, enmarcadas por buenos sillares de piedra caliza, la dominante en el concejo.
Sería imprescindible que a todos los niños que algún día escribieron en sus muros, les hubieran contado en la escuela el valor que tiene conocer el pasado, pero bien sabemos que la historia y la geográfica hoy en día no están de moda para regocijo de nuestros dirigentes... Cuanto más ignorantes seamos, más manejables seremos...
En la fachada de acceso al edificio destaca un bello portón adintelado con clave central de forma trapezoidal, y por encima de éste aparece una ventana rectangular enmarcada por dintel monolítico y antepecho moldurado. Los muros, realizados con mampostería y grandes sillares calizos, estaban enlucidos y pintados en blanco con cenefas en gris que resaltaban las esquinas y los dos pisos del edificio principal, protegido por amplio alero de madera. Hoy, la hiedra y la vegetación aprovechan las pequeñas grietas para echar sus raíces.
Una puerta adintelada, realizada con grandes sillares, daba acceso a la cuadra del ganado. A la derecha se encontraba la "jolechera", espacio destinado al ganado menor, sobre el que podemos ver el cierre realizado con entretejido de varas de avellano y conocido como "xardu o zardu". En el concejo, aún quedan pastores que son auténticos maestros en convertir en arte cualquier material.
Quien conoce estas tierras ya no las podrá olvidar y será fuerte el deseo de convertirlas en su casa, como le ocurrió a Roberto Frassinelli "el alemán de Corao", que tuvo cabaña en la majada de Gustalcuendi, o al mismo Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, primero en conquistar el Naranjo de Bulnes junto al Cainejo y que escogió al Mirador de Ordiales como última morada.










