16 mar 2015

Amieva. La Casa del Socuestu.

Siguiendo ruta por el concejo de Amieva, uno de los más espectaculares y desconocidos de nuestra Asturias, podremos comprobar que no existe aldea donde no se encuentre alguna joya arquitectónica en estado de total abandono o de irremediable ruina que guarde, entre los muros que se resisten a morir, retazos de nuestra historia.

El pueblo de Amieva, que fue capital del concejo del mismo nombre, con anterioridad a Sames, es un bello enclave de población cuyas casas se encuentran adaptadas a la abrupta pendiente del terreno, entre los pies de la sierra de Amieva y el curso alto del río Sella, bordeado en su totalidad por tierras de pastores. 

Desde el pueblo se accede a una de las puertas de entrada al Macizo Occidental de los Picos de Europa a través del fabuloso Valle de Angón, así como a la Senda del Arcediano y a las altas majadas "mayaes" de Ordes (dónde se localizan los restos de un dolmen) y Baenu, hoy en día bien comunicadas por una vertiginosa pista ganadera.

El pueblo de Amieva abajo a la derecha, a la izquierda, en primer término, la Sierra de Amieva, detrás el Macizo Occidental de los Picos de Europa (Cornión). El Picu Cabroneru, al fondo a la derecha, sobresale detrás de la Sierra de Gustiviegu, tras la cual se esconden majadas de gran antigüedad y bosques de hayas, morada de xanas y cuélebres.

En la actualidad, la apariencia de este núcleo de población es el de una aldea de montaña adaptada a los nuevos tiempos donde proliferan viviendas de nueva fábrica, pintadas de vivos colores, entre las que se conservan otras de gran antigüedad con sus hórreos y paneras, junto a las ruinas de un rico patrimonio que esconde sus raíces en época alto medieval.



Dentro del patrimonio abandonado de Amieva destaca la Casona del Socuestu, aún a tiempo de ser salvada de la ruina.


Se sabe que en este edificio estuvo ubicada la Casa de la Tesorería o Casa de Pesas y Medidas, en la que se cobraban los impuestos municipales, cuando Amieva era capital del concejo, a la vez que fue cuna de varios hidalgos.

Su estilo arquitectónico responde al barroco y al popular asturiano de los siglos XVII-XVIII. En la fachada latera destacan dos ventanas saeteras de derrame externo, rematadas por hornacina abocinada y en el piso superior aparece una galería cerrada por tablones de madera y ventanas con restos de vidrieras. A ambos lados de la galería, orientada hacia los Picos de Europa, se colocan dos ventanas rectangulares, enmarcadas por buenos sillares de piedra caliza, la dominante en el concejo.


Sería imprescindible que a todos los niños que algún día escribieron en sus muros, les hubieran contado en la escuela el valor que tiene conocer el pasado, pero bien sabemos que la historia y la geográfica hoy en día no están de moda para regocijo de nuestros dirigentes... Cuanto más ignorantes seamos, más manejables seremos...


En la fachada de acceso al edificio destaca un bello portón adintelado con clave central de forma trapezoidal, y por encima de éste aparece una ventana rectangular enmarcada por dintel monolítico y antepecho moldurado. Los muros, realizados con mampostería y grandes sillares calizos, estaban enlucidos y pintados en blanco con cenefas en gris que resaltaban las esquinas y los dos pisos del edificio principal, protegido por amplio alero de madera. Hoy, la hiedra y la vegetación aprovechan las pequeñas grietas para echar sus raíces.

Fachada norte del edificio, donde se encuentran las puertas de acceso a la vivienda y a las dependencias para el ganado y su alimento.


A la vivienda principal se adosan otros edificios, escalonados, que eran utilizados como cuadras, llamadas "cortes", pajares "payares" y almacenes.


Una puerta adintelada, realizada con grandes sillares, daba acceso a la cuadra del ganado. A la derecha se encontraba la "jolechera", espacio destinado al ganado menor, sobre el que podemos ver el cierre realizado con entretejido de varas de avellano y conocido como "xardu o zardu". En el concejo, aún quedan pastores que son auténticos maestros en convertir en arte cualquier material.

Quien conoce estas tierras ya no las podrá olvidar y será fuerte el deseo de convertirlas en su casa, como le ocurrió a Roberto Frassinelli "el alemán de Corao", que tuvo cabaña en la majada de Gustalcuendi, o al mismo Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, primero en conquistar el Naranjo de Bulnes junto al Cainejo y que escogió al Mirador de Ordiales como última morada.


1 mar 2015

Víbora de Seoane (Vipera seoanei)

Una tarde soleada del mes de agosto tuve la suerte de encontrarme con dos ejemplares de víbora de seoane (Vipera seoanei) que tomaban el sol tranquilamente entre unos muros derruidos, al pie de la Sierra de Amieva sobre los 800 m de altitud.


No las vi hasta que estuve justo al lado de ellas y apenas tuve tiempo de fotografiarlas como me hubiera gustado; al escuchar el primer clic de la cámara se escondieron rápidamente y ya no volvieron a aparecer.

La Víbora de seoane es una especie endémica del norte peninsular, apareciendo desde el norte de Portugal hasta el suroeste del Pirineo francés.

No suele superar los 60 cm de longitud y tiene la peculiaridad de presentarse con 4 "trajes" diferentes; a) forma clásica (con dibujo en zig zag) b) forma bilineata c) forma unicolor y d) forma melánica.

El ejemplar de la foto se corresponde con una Víbora de seoane de forma bilineata, frecuente en Asturias. El color del fondo es uniforme, en este caso marrón, sobre el que destacan dos líneas paralelas de color más claro, coloración propia de las hembras de esta forma.


Según se aprecia en la foto, el ojo de la víbora aparece opaco, lo que nos dice que se estaba preparando para la muda.


Próxima a la primera víbora, se encontraba otra de la misma especie pero en este caso de color totalmente negro, que se corresponde con la forma melánica, común en todo el área de distribución.

Si no las molestamos no nos harán nada, al contrario, se esconderán rápidamente. El problema aparece cuando las pisamos, ya que suelen mimetizarse muy bien entre los helechos y el suelo. En el caso de que nos picaran lo primero que hay que hacer es mantener la calma (cosa fácil de decir...) y acudir inmediatamente al hospital más cercano. Su veneno no suele ser mortal, pero hay que tratarlo lo más rápidamente posible.

NO debemos cortar la herida, ni succionarla, ésto puede ser muy peligroso si tenemos alguna pequeña herida en la boca. Tampoco debemos de aplicar un torniquete. 

SI debemos inmovilizar la zona de la picadura (cosa difícil si vamos solos...), En este caso lo único que podremos hacer es un torniquete poco apretado que no afecte al pulso arterial y que deberemos de aflojar cada 10 minutos y dejar descansar durante minuto y medio antes de volver a apretarlo.

Visto lo visto, lo mejor es estar atentos si pasemos por zonas propias de su hábitat, las cuales se corresponden con bordes de bosques, setos, matorrales poco densos y soleados, así como en zonas pedregosas. Hibernan entre mediados de octubre y mediados de marzo, que es cuando inician el proceso de reproducción. Suelen vivir hasta los 12 años, siempre que consiga librarse de sus principales enemigos que son las aves rapaces y sobre todo, el homo sapiens? que quema a destajo los matorrales donde habita.


Lo curioso es que ningún vecino de la zona las suele ver, bien sabe la víbora que no le darían ni una sola oportunidad de continuar con vida. Quiero pensar que se dejaron fotografiar solo para que vierais su belleza y os pudiera hablar de ellas... ¡tonterías que una tiene!.