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17 abr 2017

Un día de mariposas primaverales

Hacía mucho tiempo que esperaba un día, tan solo un día de buen tiempo y de libertad, para pasear tranquilamente por estos senderos norteños lejos de la agobiante vida urbana en busca de mariposas, mi terapia preferida para volar lejos, muy lejos, colgada de sus alas.

El camino escogido fue el que parte de la Collada de San Román o Collada de Amieva -según se nombre desde un lado u otro de ambos pueblos- y se adentra en dirección al Valle de Angón y el curso medio del río Dobra, encajonándose entre el impresionante murallón del Macizo Occidental de los Picos de Europa (Cornión) y la ladera por la que discurre la Senda del Arcediano camino de las tierras de Sajambre, ya en la provincia de León, dominada por las hermosas cumbres de los picos Cabroneru y Valdepino, hasta alcanzar la majada de Bellanzu y el embalse de La Jocica.

Cuando aún los ojos no se habían preparado adecuadamente para adaptarse al pequeño y diminuto mundo donde habitan, a cierta distancia, apareció volando una especie de pequeño papel amarronado que al detenerse y cerrar sus alas se convirtió en una verdísima mariposilla, vestida con ese traje que solo ella posee y que la hacen inconfundible. Ella bien sabe que esa tonalidad le es muy útil para mimetizarse a la perfección con el entorno de plantas atlánticas que ya están en plena explosión. Pero cuando se detiene en una de ellas, permanece quieta, tranquila, dejándose fotografiar sin asustarse.

Callophrys rubi (Linnaeus, 1758)

                   
Mientras estaba absorta con ella, por el rabillo del ojo, vi volar lo que me pareció en principio un pájaro y que resultó ser un ejemplar de Nymphalis antiopa que era la primera vez que veía en el concejo de Amieva. Dejé a la preciosa C. rubi para intentar pillarla entes de que desapareciera en un bosquete de avellanos.

Al contrario que la pequeña mariposa verde, la Nymplahis antiopa es de un tamaño considerable ya que la hembra llega a alcanzar los siete centímetros de envergadura. Esta gran mariposa, que le gusta volar por encima de las copas de los árboles ribereños, pasa el invierno en estado adulto por lo que sabemos que este ejemplar ya había nacido el anterior verano y ahora con el calor primaveral, despertaba de su largo letargo. Un distintivo para diferenciar los ejemplares nuevos de los de la temporada anterior es el color blanco del festón de sus alas que en el caso de los del año anterior es de color blanquecino, mientras que en los nuevos es amarillento. Esta bella y esquiva mariposa tiene una larga vida si es capaz de evitar a sus numerosos depredadores.

Nymphalis antiopa (Linnaeus, 1758)


Daba gusto volver a ver volar a las más corrientes mariposas, como a la abundantísima Pararge aegeria o mariposa de los muros, que aunque tengo cientos de fotos de ella, no puedo dejar de fotografiarla en esa posición tan relajante en medio del camino. 

Pararge aegeria (Linnaeus, 1758)

No conseguí que se parara en ningún momento la revoltosa y también común Anthocharis cardamines, que jugaban con otros ejemplares de su misma especie pero sin darse un respiro. Os dejo una foto de otro año para ver si vosotros tenéis más suerte o paciencia. Es muy fácil de identificar por el borde amarillo de sus alas anteriores que se distingue perfectamente en vuelo.

Anthocharis cardamines (Linnaeus, 1758)
Las Pieris también son abundantes y muy fáciles de distinguir por su color blanco dominante.




                            Como esta Pieris napi, inconfundible por los nervios de sus alas.

Otra de las mariposas relativamente fáciles de ver es la Polygonia c-album. En este caso también se trataba de un ejemplar del año anterior que había pasado el invierno en estado adulto y que volvía a reactivarse con el calor del sol de abril.


Polygonia c-album (Linnaeus, 1758)
                                               
Igualmente fue muy gratificante volver a encontrarme con la -ya desaparecida en muchos países europeos- Euphydryas aurinia y que por estas tierras del concejo de Amieva es frecuente ver desde abril hasta mediados del mes de junio. 

Euphydryas aurinia (Rottemburg, 1775)
Los ejemplares asturianos han sido encuadrados en la subespecie Euphydryas aurinia kricheldorfii (Collier, 1933)
 La Colias crocea es también muy común y no tendremos problema en encontrarla libando tranquilamente

Colias crocea (Geoffroy, 1785)

y compartiendo espacio con las pequeñas Coenonymphas

Coenonympha pamphilus (Linnaeus, 1758)
                             

                   
Cerca de zonas húmedas son fáciles de identificar igualmente las pequeñas y delicadas especies de la familia Lycaenidae, como esta bella Celastrina argiolus que libada las sales de los márgenes del Dobra.

Celastrina argiolus (Linnaeus, 1758)
Aunque la última mariposa de hoy ya la tenía, no dejó de emocionarme por no ser corriente de ver; se trata de Boloria dia, de la familia Nymphalidae y que se distingue bien por los dibujos y el color violáceo de sus alas posteriores.

Boloria dia, (Linnaeus, 1767)


Cientos de ejemplares de diferentes especies daban vida al largo camino y podríamos hacer fotos y más fotos sin detenernos un minuto, aunque el deseo último siempre es encontrar una especie de esas que aún nos faltan... Cada año es más difícil, lo que aún es más emocionante y no por ello dejaré de pararme con cada una de ellas por muy corrientes y abundantes que sean, cada una es única e irrepetible.

Gracias, como siempre y desde hace años, al responsable directo de mi  afición favorita. Le estaré eternamente agradecida a D. José González Fernández (Asturnatura), que me ayuda, con su infinita paciencia, a no errar en las identificaciones.

¡Salud para disfrutar esta nueva primavera!

3 jul 2013

EL CORTEJO DE LA EUPHYDRYAS AURINIA (doncella de ondas rojas) (marsh fritillary)


Este año está siendo un desastre para las mariposas asturianas. No ha habido primavera y el verano se resiste, así que apenas he encontrado nada nuevo. A ello hay que añadir que ya es mi tercera temporada desde que me aficioné (gracias a la inestimable ayuda de D. José González Fernández) y cuesta más encontrar nuevas especies. Aún así no pienso desistir porque aunque ya la tengamos fotografiada, ver una mariposa en libertad siempre es emocionante.

El último fin de semana de Junio, por fin, apareció la bella Euphydryas aurinia. En este caso se trataba de una pareja que estaba en pleno cortejo, pero al final cada una se fue por su lado. No sé si las mariposas también tendrán sus gustos a la hora de ligar... pero en este caso no llegaron a un acuerdo a pesar del intenso "morreo" que llevaron a cabo durante más de diez minutos, o tal vez quisieron escaparse de la cámara. 

Esta especie está protegida y en Holanda incluso ha desaparecido. Nosotros tenemos la suerte de conservarla aún en abundancia. No podemos olvidar que la presencia de estos frágiles seres está unida a la calidad ambiental del medio. Pronto las praderías de siega, donde las veo habitualmente, serán segadas y desaparecerán las flores de las que se alimentan, por ello, tal vez, su ciclo vital se desarrolla entre abril y julio.

       Primero se posaron los dos sobre una Anthyllis 


Luego decidieron mirarse de frente (fijaros en la cara del ejemplar de la derecha, a mi me hizo mucha gracia)

Empezaron a darse besos y besos

Así estuvieron largo rato

Aquí podemos ver muy bien la diferencia de las alas, cerradas y abiertas


Después de tan largo cortejo, cada una se fue para una flor distinta, ya no pude ver si llegaban a más... igual no querían que fotografiase tanta intimidad...

Tengo que preguntarle al Sr. Entomólogo que pasa si ponen los huevos en las flores de las praderías de siega... ¿se los comerán las vacas? ¿pondrán los huevos en otro lugar más seguro?. Ya os contaré.