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22 may 2016

Cuba. Faro Colón y Cayo Sabinal.

Si tenéis pensado viajar a Cuba evitando los lugares turísticos, no os confundiréis si escogéis visitar alguno de los faros que, construidos por los españoles allende los mares, aún conservan su viejo encanto rodeados por una naturaleza salvaje.

El viejo Faro Colón, de los más antiguos de la isla, es uno de mis favoritos, no por la belleza de su construcción sino por el lugar donde se ubica. Sin duda, las localizaciones de los faros son las mejores de las costas, desde ellos se dominan extensos paisajes y desde sus altas torres podremos convertirnos en vigías de lejanos horizontes imposibles de apreciar desde tierra firme.

El Faro Colón se sitúa en el extremo de una estrecha punta arenosa, conocida como Punta Maternillos del salvaje Cayo Sabinal, donde Hemingway ambientó su novela póstuma titulada Islas en el Golfo.



Este impresionante cayo, donde los hoteles y el turismo de masas aún no han llegado, pertenece a la provincia de Camagüey y limita al norte con el Atlántico y el Canal Viejo de Bahamas. El cayo toma su nombre del gran número de sabinas, que junto a otras especies caribeñas, ocupan su allanada superficie compuesta por terrenos calcáreos, hábitat de gran número de especies vegetales y animales donde sobresalen las colonias de flamencos del Caribe o flamencos rojos (Phoenicopterus ruber) que podremos ver con facilidad en las lagunillas interiores del cayo. La presencia de un gran número de endemismos, convierten a estas cayerías (llamadas Jardines del Rey), en una de las más ricas en biodiversidad del Caribe.

Pedraplén hacia el Cayo Sabinal
Vista parcial de Cayo Sabinal desde lo alto de la torre del Faro Colón

A poniente del Faro Colón la barrera de coral propicia la formación de lagunas de aguas tranquilas y transparentes

  

Aunque las fotos no son de la calidad que debieran, ya que están escaneadas de diapositivas  del año 2000 (cuando con José Sierra hice el trabajo que dio lugar al libro Cuba: de La Habana a La Habana), os darán una idea de las playas solitarias que podréis encontrar... ¡quién pudiera estar allí de nuevo!.





En una playa próxima al faro, conocida entonces por Playa Pinos, ahora Cala Bonita, se localizaba un conjunto de seis cabañas y un "ranchón" donde se podía comer. Por lo que me contaron y se puede apreciar en Google Earth, el lugar ha sido modernizado. Amanecer en una de sus cabañas será un recuerdo inolvidable...




A unos 7 kilómetros al oeste de Playa Bonita, se localiza el Faro Colón, situado al final de una estrecha punta arenosa cubierta por bosque autóctono.


La construcción del Faro Colón se inició el 5 de mayo de 1847, según proyecto del coronel de infantería José Benítez y bajo la dirección del teniente coronel Juan Campuzano, se finalizó en 1849 y fue inaugurado a comienzos de 1850.


Plano del proyecto del Faro Colón, reproducido en el magnífico libro de Miguel Ángel Sánchez Terry Faros Españoles de Ultramar. MOPT. 1992, cuya lectura es obligatoria si os interesa la historia de nuestros faros.

Placa de bronce que se conserva en el balcón del faro.


La torre troncocónica del faro, se eleva 53,5 m.s.n.m. pintada en color blanco El acceso se produce por escalera exterior protegida por barandilla metálica, según podemos ver en la imagen.


Sencillos paneles nos informan de las características e historia de este faro.




Grandes letras en bronce con el nombre de COLON, aparecen insertadas en lo alto de uno de sus lados.


En la planta baja se localiza un edificio rectangular con patio central y pozo de agua dulce, donde se ubican las viviendas de los torreros, cuartos de servicios-almacén y sencillas habitaciones para invitados.


La escalera interior de caracol se ilumina por nueve ventanas rectangulares superpuestas, situadas a ambos lados de la torre. Esta escalera con más de 100 peldaños, da acceso a la linterna del faro, el cual se encontraba en aquel momento atendido por tres torreros.


José Pérez, uno de los tres torreros del Faro Colón que hizo las veces de guía. Reciba desde aquí nuestros mejores recuerdos y agradecimiento.


Detalle de la óptica del faro, de la casa francesa BBT, instalada en 1969 que emite destellos blancos cada 15 segundos con alcance actual de 38 millas.

A la derecha de la imagen se aprecia la silueta del faro, visible desde más de 30 km de distancia.

Tan solo pudimos dedicar un día y medio a este lugar inolvidable, si alguno de vosotros lo visitara no dejéis de informarme. ¡Salud para seguir compartiendo las bellezas de nuestra maltratada Tierra!.



7 ene 2012

Cuba. Faro Roncali. Península de Guanahacabibes

Los faros cubanos, tienen su origen en los años centrales del siglo XIX, cuando Cuba era colonia española, llegando casi intactos hasta nuestros días como muestra de un patrimonio arquitectónico y cultural de gran relevancia y cuyo minucioso estudio fue realizado por el Técnico de Señales Marítimas español, Miguel Ángel Sánchez Terry, publicado por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes en 1992, bajo el título “Faros Españoles de Ultramar”. Esta importante obra, no superada hasta el día de hoy, nos sirvió de referencia para visitar algunos de ellos, aprovechando el trabajo que dio origen al libro “Cuba: de La Habana a La Habana”, realizado en 1999 con José Sierra Fernández.

Tomando como destino los faros de cualquier lugar del mundo, podremos diseñar interesantísimos y personales viajes, donde se mezcle la soledad, el privilegio de acceder a miradores costeros privilegiados, conjugando el disfrute de la naturaleza, la historia y el arte.

En la actualidad (2012), la isla se encuentra alumbrada, por un total de 17 faros, situados a lo largo de la costa cubana, bien en tierra firme, en callos adyacentes y en la Isla de la Juventud (Nueva Gerona).


El faro Roncali, situado en la punta San Antonio, la más occidental de la isla de Cuba, toma su nombre del por entonces gobernador Federico Roncali, el cual aceleró su construcción, iniciada el 4 de enero de 1849, cinco años más tarde que el capitán general y gobernador de Cuba Leopoldo O´Donnell, escribiese estas palabras: “Cada vez que paso por aquí, tengo noticias de buques naufragados cerca de este cabo y este año he visto un buque magnífico a pique sobre él y otro a distancia de algunas millas, ambos perdidos hace poco tiempo”.

Inaugurado el 27 de febrero de 1850, consta de una torre de sillería de forma troncocónica de 24,50 metros de altura, con balconcillo exterior con antepecho de bronce, protegido por barandilla y una cúpula que alberga su óptica, la cual en principio era de segundo orden de Fresnell, adquirida al fabricante francés Letourneau, sustituida en 1955.


Como recuerdo de su construcción, se enterró debajo de la puerta de entrada, una caja de plomo que contenía una Guía de Forasteros del año 1849, la copia del acuerdo de la Real Junta de Fomento, Agricultura y Comercio, sobre el remate de la construcción y otros documentos, periódicos y monedas isabelinas de la época.


El acceso al faro se proyectó mediante un vano elevado, servido por una escalera exterior, con la finalidad de dificultad un posible asalto. Los cinco pisos de la torre, se sirven por escalera de hierro fundido, formando ojos, para conseguir espacio para alojara a sus tres torreros, si bien, éstos se negaron a ocupar un habitáculo tan reducido, lo que obligó a la construcción de una vivienda exenta en sus proximidades, diseñada por el mismo ingeniero que proyectó el faro, José Pérez Malo.


Hoy en día, el Faro Roncali está electrificado y se ha cargado y pintado la torre y la vivienda de los torreros, presentando un cuidado aspecto.

Datos de interés para el visitante

Provincia de Pinar del Río
Distancia a La Habana: 304 km
Distancia a Pinar del Río: 128 km
Alojamiento: María La Gorda

Para las personas que deseen visitar este faro, la primera condición es solicitar el permiso oficial para transitar por la Reserva Nacional de la Península de Guanahacabibes (declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco), en cuyo extremo se localiza este faro. La mejor manera es hacerlo con tiempo por Internet, en las páginas que ofrecen ese servicio. En último extremo, se puede conseguir el permiso en la misma entrada a la Península, donde se localiza el edificio de la Estación Ecológica. La visita tiene una duración entre 6-7 horas.


Hotel María La Gorda

Ensenada de Cortés

La península donde se localiza el faro, es solamente transitable en todo terreno, así que si llegamos al destino en coche tendremos que ir acompañados por un guía, de ahí la necesidad de informarse previamente de los horarios y condiciones, las cuales pueden cambiar de una temporada a otra.


Costa del Cabo San Antonio, donde se suceden solitarias playas de arena



La disculpa de la visita a este faro, nos permitirá disfrutar de uno de los paisajes más agrestes y solitarios de la isla, integrados dentro de la Reserva y Parque Nacional de la Península kárstica de Guanahacabies,  último refugio de los indios que huían de los conquistadores españoles y una de las zonas vírgenes mejor conservadas de la isla, donde se pueden observar con facilidad grandes iguanas, jutías (el mayor roedor de Cuba); mariposas, aves, bosques y plantas endémicas con una gran representación de espectaculares orquídeas.

Laguna kárstica en la península del Cabo San Antonio


En esta solitaria península, solamente encontraremos el pequeño complejo turístico de María La Gorda (nos contaron que este nombre procede de una vieja prostituta que un barco abandonó en el lugar, cuando ya no les era de utilidad…), formado por un hotel y las Villas Cabo San Antonio, con frente a una playa paradisiaca de la ensenada de Cortés y desde donde se pueden realizar excursiones a pie que transitan por paisajes de sorprendente belleza y riqueza ecológica. La Península de Guanahacabibes, se  subdivide en dos: la del Cabo San Antonio, donde se localiza el faro y la de Corrientes, separadas por la ensenada de Cortés y en dirección opuesta al anterior cabo, delimitada por una gran plataforma de abrasión kárstica, conocida como “diente de perro”, por el poder cortante de sus afiladas aristas. Importante centro de buceo, en sus aguas se localizan las mayores reservas de coral negro y sus fondos están salpicados por los restos de un sinfín de barcos piratas. Sin duda es uno de esos lugares en el mundo que el amante de La Naturaleza debería conocer.


En nuestra visita, tuvimos la gran suerte de ver el fruto del cactus endémico de Guanahacabibes (Harrisia taetra), el cual solamente aparece en contadas ocasiones durante la vida de la planta.


También es fácil encontrarse en el camino con iguanas de gran tamaño o jutías (el mayor roedor de Cuba).

En esta Reserva de la Biosfera, se contabilizan más de 600 especies de plantas, de las cuales 15 son endémicas de este extraordinario espacio, donde también conviven unas 140 especies de aves, donde entre las que destaca el Tocororo (ave nacional de Cuba por contener los colores de su bandera), o el colibrí más pequeño del mundo, conocido como Zunzuncito o pájaro mosca.


Más de 30 tipos de orquídeas, crecen en Guanahacabides, siendo fácil su localización e identificación, teniendo en cuenta que la visita está dirigida por un guía experto.