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4 oct 2011

Rodolfo Pico. Pintor del color.

Esta entrada quiero dedicársela a mi viejo amigo Rodolfo Pico, compañero de correrías de la "edad del pavo" y a la vez excelente profesional. Pico ha sido el autor de la ilustración del libro Asturias-Cuba "los que se quedaron", alegrando con sus pinceles y prosa poética el arduo tema de los asturianos separados de su tierra. Con sus colores, con sus palabras, le dio otro sentido de esperanza a la nostalgia de la lejanía. Gracias, Pico, esperemos tener oportunidad de volver a trabajar juntos allende los mares. http://rodolfopico.blogspot.com/





REDUCTO PARA LAS FÁBULAS. La Nueva España. 01-10-11


Nacido en Luarca, pertenece a una generación de artistas que defienden las calidades plásticas y la vigencia de la pintura desde el corazón de Gijón. Estos días estrena estudio, soñando nuevas historias entre viejas memorias de color.


Realizó su primera exposición en el grupo Segrel, con Pelayo Ortega y Melquíades Álvarez, en 1974. «La vida es dulce o amarga; es corta o larga. ¿Qué importa? El que la goza la halla corta y el que la sufre la halla larga». Las palabras de Ramón de Campoamor podrían recrearse estos días en las limpias paredes del estudio recién estrenado por Rodolfo Pico, en el centro de Gijón, para comenzar su nueva etapa creativa. Hace cuatro décadas que este irónico creador empezó su carrera en defensa de la pintura, una disciplina muy sufrida, reivindicada una y mil veces por una generación de artistas asturianos que hoy sigue apostando con fuerza por el poder sugestivo del color. Nacido en Luarca, pero gijonés de adopción, Pico pertenece a esa nómina excepcional de pintores que, en los años setenta, comenzaron a respirar en las calles de la ciudad bajo la veterana batuta de Camín y Antonio Suárez, con Evaristo Valle y Nicanor Piñole como referencias, y con Luis Fernández y Orlando Pelayo en el recién descubierto horizonte de la modernidad. Una generación que partía de las nuevas reflexiones sobre la figura del artista, asimilando las ideas de los 'support-surfaces' franceses o reinterpretando distintas corrientes estéticas que respetaban las vanguardias históricas y el arte clásico, lejos del dogma conceptual. Pico expuso por primera vez en 1974, junto a Pelayo Ortega y Melquíades Álvarez, en el efímero grupo Segrel. Su primera exposición individual fue al año siguiente. Desde entonces han ocurrido muchas cosas, ha expuesto muchas veces y ha visto cambiar mucho el panorama, pero mantiene intacta su ilusión y su fe en la vivencia y la vigencia de la pintura. Pico, como sus colegas, ha demostrado que la diversidad existe y que lo bien hecho, bien parece, proyectándose sin rubor hacia nuestros días. En su trabajo hay varias etapas, conjugadas por el dibujo, el color, las reflexiones figurativas y una cierta ascendencia metafísica. Ahora, tras unos años complicados en su vida personal, Pico parece hallarse en un buen momento profesional, más original y emblemático que antaño. Sus últimas series parecen un canto a la vida, que mantiene las fábulas y los personajes bajo la atenta mirada de lo cotidiano, del arte y de la literatura. Cuadros intrigantes, que alternan la exuberancia y la sobriedad, dotados de peculiares temáticas que trascienden por encima de lo simbólico. Su conocida iconografía, centrada en paraguas, damas, gatos, peces, aviones o dirigibles, se ha reinventado cada día con fantasías, entre lo trágico y lo mordaz, de texturas suaves y transparentes, veladuras cálidas y sabores románticos. Este nuevo taller gijonés mantiene sus ritos y sus mitos. En sus rincones se amontonan lienzos y recortes de prensa, juguetes y recuerdos, plantas y objetos, incluso, sus incipientes experimentaciones escultóricas, que se valen de las mismas directrices que las pictóricas. Divertidos bodegones, barcos, pentagramas, evocaciones de cuentos infantiles, homenajes a grandes artistas, sugerencias como 'El Principito' de Saint- Exupéry. Porque, más allá de lo decorativo, lo esencial es invisible a los ojos. Pico, el pintor, sigue armonizando tiempo y espacio, presente y pasado, tierra y mar. Recuperando viejas energías en un compendio de claves para degustar lentamente, llenas de enredos formales, perspectivas imposibles y complicidades para el espectador. Algunos cuadros mantienen ese halo metafísico de antaño, pero hoy resulta más depurado. Se mantiene también su habilidad como ilustrador, que le permite alternar viejas y nuevas herramientas sin abandonar las virtudes del íntimo proceso pictórico. Nuevas escenografías, con algunas dimensiones renacentistas y ecos de la pintura francesa de principios de siglo XX, que le sigue atrayendo mucho, con sus explosiones cromáticas y poéticas. Su última exposición fue el año pasado, en la galería Gema Llamazares de Gijón, donde tomaba como pretexto la isla de Cuba que, pese a la distancia (Pico nunca estuvo 'físicamente' allí), permanece ligada a la retina del pintor. Una búsqueda casi adolescente, poblada por matices extraídos de aquella isla, recuerdos familiares y situaciones domésticas. La publicación 'Asturias-Cuba. Los que se quedaron', promovida entonces por varias instituciones regionales con textos de Belén Menéndez Solar y el propio Pico, fue la mecha inicíatica del proyecto, que sorprendió a propios y extraños. En sus páginas fluye lo mejor del mejor Pico, porque allí tuvo ocasión de plasmar con pinceles sus pasiones, alegrías, tristezas, la rebelión, la magia o las ensoñaciones. Sus palabras, en ese libro, anunciaban el instante vital que hoy nos ocupa. «Escribo la luz desbordada, el vértigo que llega tarde a la prisa, la humedad anudada al deseo, el espliego, el carmín convenido, el cuerpo sin límites, donde se apoyan los sueños como enfermos de ebria sustancia». Instantes importantes para recapitular, para mirar hacia el futuro, para recuperar identidades. El ansia, quizás, de nuevas vivencias , amores y viajes más o menos locales, o exóticos. «Eso eres tú mientras sueño», le escribe a la ciudad. Una isla como metáfora del aislamiento del artista. Tormentas, estrellas, días y noches. Cierto énfasis místico, mirando al cielo, con la sonrisa al hombro. Acaso también, la potencia de la santería, con frases cogidas al vuelo («Si no sabe no se meta», reza en uno de estos cuadros) en la calle, en el supermercado, en el videoclub, en la playa de Cadavedo o en el extremo de nuestro malecón, en Punta Liquerique. Amistades que se cuentan con los dedos de la mano pero, contra todo pronóstico, aún crecen. Los últimos cuadros que Pico expuso en Gijón apostaban por el pequeño formato, fruto del angosto estudio anterior. Este luminoso taller le permite atisbar mayores envites, que esconden otros corazones de lluvias, otros soles y otros misterios. Azoteas, personajes locales, lugares imposibles, goletas, acantilados, mitologías. Historias pintadas, elegías, canciones, un tigre de peluche, escenas taurinas, nieblas astures y playas caribeñas. Un abanico de recursos donde conviven los juegos de palabras, habitados por una cierta melancolía. «Recuerdos que pesan sobre la brea y se dicen abrazos en la desnudez de la memoria».

Como es hombre generoso y desprendido, lejano de endiosamientos, al que solo le pierden las mujeres..., también colaboró con la Asociación El Texu de San Román de Amieva, mi pueblín adoptivo y nos regaló un hermoso "logo" que representa al tejo centenario del pueblo. Gracias de parte de todos los vecinos.






27 jun 2011

Asturianos en Cuba. Manuel Peláez López

Nací en Albuerne, Cudillero, el 30 de agosto de 1937. Mi padre era cubano, nacido en el año 1894 en Cienfuegos, e hijo de españoles, pero de pequeño, en el año 1898, se lo llevaron para España donde era conocido como “el cubano”. En una ocasión consiguió una bandera cubana que colocó en lo alto de un pino y las autoridades le obligaron a poner una española más alta.

Se dedicó a navegar en barcos mercantes. En un principio mi padre se casó, en 1920, con la hermana de la que sería mi madre. Su primera mujer falleció de tuberculosis en 1926, dejando dos hijos de 4 y 3 años, que cuidará su abuela y la que, con el tiempo, sería mi madre.

Cuando regresa mi padre viudo a la aldea, mi madre ya tenía 20 años de edad y mi padre se casa con ella en el año 1930, naciendo yo en septiembre del siguiente año. 

Mi madre, de nombre Carola, era una hermosa mujer muy luchadora, entregada totalmente a su familia. Después de la muerte de mi padre nunca volvió a tener ninguna relación y su vida se la dedicó plenamente a su único hijo.

Mi familia era republicana y el 30 de agosto de 1936, avisan a mi padre que lo van a matar y que tenía que irse inmediatamente. Aquel día mi padre sale de casa fingiendo que va a segar, seguido por mi madre y yo, agarrado de su salla. Conseguimos llegar a Gijón, pero mi padre cae enfermo y lo ingresan, primero en un hospital de Caravia y luego en otro de La Guía en Gijón, donde fallece el 12 de diciembre de 1936, cuando ya habíamos iniciado los tramites para emigrar a Cuba.

Con su bella madre, Carola.

Me quedo solo con mi madre, protegidos por el consulado cubano y ella se pone a trabajar en un hospital que había en Somió. Recuerdo que un día, yo muy chiquito, cogí por mi cuenta el tranvía que llegaba a Somió y me fui a buscar al hospital a mi madre. En aquel entonces, los bombardeos continuos y el hambre eran terribles.
El 30 de Agosto del 37, salimos en una lancha hasta alta mar, donde nos recogió un buque de guerra que nos llevó hasta San Juan de Luz, ese mismo día tuvo lugar un terrible bombardeo y tuvimos que correr hacia un refugio de Cimadevilla, el cual se conserva, como almacén, en el mismo lugar.

De San Juan de Luz nos dirigimos hacia Burdeos y de ahí partimos para Cuba el 10 de Septiembre de de ese mismo año. Antes de nuestra partida, el cónsul de la ciudad le pidió a mi madre que cuidara de otros tres niños que viajaban solos. Nuestro único equipaje era una bolsita de tela y algo de dinero que el cónsul le dio a mi madre para el cuidado de los niños, dinero que nos robaron en el barco en un descuido. Conservo la foto de esos tres niños de los que nunca más supe, tal vez, ahora, cuando vean sus fotos y conozcan mi historia pueda encontrarlos.

Los niños que viajaron con ellos y nunca más volvieron a ver

El barco que nos trajo de Burdeos hasta el Caribe se llamaba Flandres e iba con dirección a Argentina, por lo que nos desembarcaron en la isla de Santo Tomás, donde nos recogieron los cubanos. Llegamos a Santiago de Cuba el 4 de octubre de 1937, después de más de 20 días de viaje por mar.

Cuando llegamos a Santiago, nos recoge un pastor bautista y nos pregunta si tenemos a alguien en la isla. Mi madre le habla de un tío que tenía en Cienfuegos que vivía bien y no tenía hijos, pero ese hombre no quiso saber nada de nosotros. En La Habana vivía un primo segundo al que mi padre había ayudado. El era un buen hombre, pero su mujer era “reaccionaria completa”. El vendía hielo en la calle Mercaderes y ese fue nuestro primer destino en Cuba.

Mi madre se puso a trabajar de doméstica, donde la explotaban, dejándome a mi en la casa de los familiares donde la mujer, me hacía la vida imposible, porque yo decía que era “miliciano”; ella me recluía en la azotea, pero yo me entretenía jugando a mi manera.

De ahí pasé a un “crech” (orfanato), donde estuve poco tiempo, ya que mi madre tenía que vivir en las casas donde servía. En cuanto mi madre pudo resolver, me internaron en el colegio Mª Martín, donde las internas eran todas chicas, menos yo. Cuando ellas se retiraban yo me quedaba solo y fue ahí donde empecé a aficionarme a escribir. Posteriormente vivimos con unos cubanos que también nos maltrataban, hasta que mi madre encontró a un matrimonio gallego, Ricardo y Hortensia, que vivían del ganado. Recuerdo que tenían también una mula y una ternera que era mía y se llamaba “la paloma”, aún conservo una cicatriz de mis aventuras con el ganado, ya que yo era muy travieso.

Con este matrimonio nos mudamos en varias ocasiones de finca. En Playa vivimos en una finca con vacas, donde yo me dedicaba a recoger huesos del ganado muerto para luego venderlos a los artesanos. Por aquel entonces yo no iba a la escuela y mi madre venía una vez por semana a verme. Luego volvimos a mudarnos a una finca donde vivía un abogado que tenía un caballo árabe tuerto. Volvimos a trasladarnos una y otra vez más, hasta que mi madre decide regresar con los parientes de la calle Mercaderes 13 y yo ingreso en la escuela del Centro Asturiano, donde era mal estudiante, tal vez debido a tanto cambio.

Consigo la estabilidad cuando mi madre se va a trabajar a la casa de Blanco Herrera y yo me voy a vivir con ella en la casa. Entonces ingreso en La Salle, donde también aprendo mecanografía y empiezo a estudiar bien. Consigo una beca para estudiar Comercio y a la vez trabajo en la Westinhouse de muchacho de oficina. Paso al estudio del arquitecto Jorge Manuel Galdós, mientras que estudio por la noche en la gran academia Habana Busness. 

Manuel, con el pasaporte original que dice "la persona amparada por este pasaporte dirigese en un buque de guerra al extranjero, via Francia, Cuba"  firmado el 27 de julio de 1937 por el Viceconsul del Brasil e Interino de Cuba.

Mi madre tenía mucha añoranza de su tierra y en el año 1950 decidimos regresar a Asturias para cuidar a mi abuela, pero uno de mis tíos había terminado con la casa y encontramos todo medio arruinado. Tenemos que volver a Cuba en 1953 y empiezo a trabajar en una notaría y mi madre de costurera. Vivíamos mejor.


Cuando llega La Revolución en el 59 y escucho el primer discurso de Fidel, simpatizo inmediatamente con sus ideas y empiezo a tomar conciencia política y me hago miliciano con la Revolución, lo mismo a lo que jugaba cuando era pequeño. A los 28 años me proponen realizar un curso militar. El notario con el que trabajaba ya se había ido “para el Norte” y entonces me involucro. Me fui por un mes y me quedé 33 años, terminando mi carrera con el grado de Teniente Coronel. Con la llegada de la Revolución se cumplieron mis sueños, mi madre dirigente en un gran Centro, después de tantos sufrimientos y yo en las FAR, de profesor y estudiando siempre.

En 1987 cuentan conmigo para organizar la Ceremonia del Cañonazo, en memoria de cuando La Habana era una ciudad amurallada y se tiraban cañonazos que anunciaban la apertura y el cierre de las puertas. Consigo que el cañón se cargue en 3 minutos, en lugar de los 30 que necesitaba y me ocupo de ello durante siete años. Fui el fundador de la Compañía de la Ceremonia. Me jubilé en 1993.

Ahora vivo con mi esposa en una casa unifamiliar de La Habana y como no se estar sin hacer nada me ocupé del cañoncito del reloj de sol de Varadero que estaba destrozado, hasta que me encontré con un científico y conseguimos construir un gran reloj solar que dispara el cañonazo cuando se desea.  En la actualidad sigo trabajando con proyectos de relojes solares y vivo feliz con mi esposa en La Habana. He regresado a Asturias en varias ocasiones.

En la actualidad, verano de 2011, Manuel está en Asturias de visita. Desde aqui quiero hacerle llegar todo mi cariño y agradecimiento por su eterna sonrisa y fortaleza.

1 may 2011

Asturianos en Cuba. La familia Posada Medio

Con los hermanos Posada Medio y el escritor Raúl Hérnandez Ortega en San Antonio de los Baños en Enero de 2010. Un día inolvidable con los emigrantes asturianos en Cuba

Texto sobre la Familia Posada Medio del libro Asturias-Cuba "los que se quedaron":

                                               FAMILIA   POSADA   MEDIO
“Un largo peregrinaje entre la oscuridad y la luz”
La familia compuesta por los hermanos POSADA MEDIO, es la más numerosa dentro de los emigrantes nativos asturianos que aún viven en Cuba. Esta unida familia, la cual emigró huyendo de la  Guerra Civil Española, está asentada en San Antonio de los Baños, con excepción del mayor de los hermanos, Eugenio, que vive en la ciudad de La Habana junto a su esposa. Eugenio  ha sido el portavoz de la familia y el responsable del relato de la odisea familiar, tomando como fuente las cartas de la época y los recuerdos de todos ellos. Su historia ha sido recientemente publicada en Cuba por el escritor Raúl Hernández Ortega bajo el título “La casa en un morral”, obra que ha sido galardonada con el Premio Memoria 2010 del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Nuestra enhorabuena a “Raulito” y a toda la familia Posada Medio por haber conseguido este sueño.

En el año 1936 nuestra familia vivía en Villaviciosa; estaba compuesta por el padre, Eugenio Posada (4/8/1898 ), la madre, Teresa Medio (23/4/1894), los hijos, Eugenio -Genín- (18/7/1925), Francisco -Paco- (21/7/1926), José Luis -Pepe- (10/2/1929) y María Teresa -Marite - (9/8/1930), la tía Herminia Medio -La Chata- (23/8/1892)  y el abuelo Andrés Posada. Excepto el abuelo, todos vivíamos en la misma casa, en la cual nacimos  los cuatro hermanos.
El 18 de julio de 1936 (día de mi cumpleaños), estalla la Guerra Civil, yo me encontraba en un pequeño balneario de aguas termales en La Hermida de Cantabria,  el cual mi abuelo visitaba anualmente, y en ese año me invitó para que le acompañara. El citado día, el abuelo me dijo: “Tenemos que salir inmediatamente para la Villa, empezó la guerra”  y así lo hicimos. Esa salida precipitada se repetiría varias veces en nuestras vidas.
En la Villa, para nosotros los niños, la vida seguía normal. No conocimos de la lucha para  ocupar los cuarteles de Simancas  y El Coto, en Gijón a 33 km, ni de las batallas en Oviedo, a 44 km.  Lo único anormal  que recuerdo, era que mi padre, a veces, llegaba a casa vestido de civil y con un estuche de madera en bandolera, que servía como culata para una pistola que estaba colocada en su interior. El se había incorporado a las milicias, alcanzando el grado de capitán el 25 de julio 1937.
Un día de  septiembre de 1937, mi padre  aparece en la casa diciendo que teníamos  que salir urgentemente de la Villa, entonces mi madre arrancó las cortinas de la sala,  con las cuales hizo unas bolsas para colocar en las mismas lo indispensable y al día siguiente mi padre nos condujo al puerto de El Musel en Gijón, para ser evacuados en el buque de carga “Santiago López”. Los evacuados fueron situados en las bodegas, pero mi padre nos acompañó hasta un pequeño camarote con dos literas. En el camarote colocó dos sacos con botellas de sidra “El Gaitero”, lo que considero que formaban parte del soborno por el trato preferencial  recibido. Como detalle curioso recuerdo que cada botella venía protegida por una especie de estuche de paja para que no se rompieran.
El buque llega a Francia, entra por la Gironde, y desembarcamos, si mal no recuerdo, por Pauillac, cerca de Burdeos. Piden que nos desnudemos y nos aplican chorros de agua mediante mangueras, luego nos aplican una grasa en los cabellos, supongo que para los piojos  y finalmente una inyección, la primera en mi vida. Posteriormente nos sitúan en un tren rumbo a la frontera franco-española. Entramos de nuevo en España por Puigcerdá, llegamos a Barcelona, desde donde nos remiten a un refugio en Castelltersol.
Mi padre permanece en Villaviciosa hasta el  día que llegan las tropas franquistas, el 20 de octubre de 1937, logrando escapar ese mismo día, con grupo de compañeros de la plana mayor, en una pequeña embarcación, que para esos fines tenían preparada en El Puntal, a 7 km. de la Villa. La embarcación era utilizada para trasladar sidra desde la fábrica ”El Gaitero” hasta Gijón y  un práctico la había llevado desde la fábrica hasta el Puntal, lo cual le costó la vida, ya que fue  posteriormente fusilado por los franquistas.
Mi padre y sus compañeros llegan a Francia y se repite el proceso: remisión a la frontera y llegada a Barcelona. Una vez en Barcelona, nos localiza en el refugio y posteriormente se incorpora al ejército con el grado de capitán.
El refugio en Castelltersol, un gran edificio de tres plantas, estaba totalmente lleno de refugiados, mujeres, niños y ancianos, procedentes del norte de España, vascos, gran parte de ellos. La vida en el refugio era dura, fundamentalmente debido a la escasa y pésima alimentación que recibíamos, tan solo un pedazo de pan por la mañana y un espeso puré verdoso, de sabor y origen indescifrables, como comida y cena, día tras día. Algunos  muchachos, nosotros entre ellos, acudíamos a los campos a desenterrar y robar las patatas antes de que las cosecharan, las cuales luego asábamos en hogueras. También  recogíamos setas en los bosques, piñones de los pinos y bellotas.
Durante la estancia en Castelltersol, no nos aceptaron en la escuela, nuestros padres, con gran sacrificio e intuyendo el futuro, le pagaron a un profesor para que nos enseñara francés a los tres varones. Transcurre el tiempo y las condiciones en el refugio empeoraban en lo que se refiere a la alimentación; la ayuda que recibíamos de Carmen, la tía materna que vivía en París, era insuficiente, los padres deciden, como paliativo, enviar a nuestro hermano Paco con una familia en Mollet, cerca de Barcelona, la cual tenía mejores condiciones y a mí a Sabadell, a la casa de un oficial de Intendencia, en la cual como es de suponer, no faltaba nada, tenían de todo y en abundancia.
En algún momento, fecha que no puedo precisar, considerando las condiciones del refugio,  mi padre alquila una pequeña casita a la salida de Castelltersol, previendo el nacimiento de   Gonzalo, lo cual ocurre el 1 diciembre 1938.
El 26 de diciembre 1938 cae Barcelona en poder de los franquistas, la familia de Mollet sale con Paco precipitadamente hacia la frontera, sin poder comunicarse con nosotros. El 6 de enero, yo me encontraba ya en Castelltersol, salimos, mediante un salvoconducto del Estado Mayor de las Fuerzas Blindadas, emitido a nombre del abuelo, en un automóvil hacia Banyoles, seguimos a Figueres y luego abandonamos el auto para cruzar los Pirineos a pié, de noche, por el puerto Le Perthus; mi madre con Gonzalo de dos meses en brazos, el abuelo con su acostumbrado bastón.
Cruzada la frontera, nos dirigen a un campo rodeado de alambradas, custodiado por tropas coloniales africanas, que habían preparado en las afueras de Le Boulou, aproximadamente a 12 km. de la frontera, para alojar 10.000 refugiados en tiendas de campaña, las cuales llegaron a albergar hasta 20.000 personas. Debido a las pésimas condiciones de este campo, muy  pronto empezaron a sacar a las mujeres y niños para enviarlos a refugios en distintos lugares. A nosotros, incluyendo al abuelo, nos enviaron, con un grupo de 39 personas, a un refugio en Nieul, Haute Vienne, en el centro de Francia, donde llegamos antes del 14 de enero.
Este refugio era una instalación para acoger veraneantes, con cocinero y buena comida que para  nosotros era una maravilla. Tan pronto llegamos, empezamos a enviar cartas a todos los familiares y conocidos, a la tía Carmen en París, a un amigo de nuestro padre en Burdeos, a un tío en Cuba, etc. Pronto nos llegaron noticias, pudimos conocer que Paco estaba en un refugio en Bar Sur Seine, al sur de París y  nuestro padre en un hospital en Limoux, Aude, al sur de Francia. Mi padre y la familia de Mollet, también habían hecho lo mismo, escribir a todos, creándose una red que nos permitió intercomunicarnos. Tan pronto tuvimos esas noticias les escribimos al hospital y refugio respectivamente.
Inmediatamente inicié en la Alcaldía las gestiones para solicitar el traslado de nuestro hermano Paco hacia el refugio de Nieul, (con el francés aprendido en Castelltersol, yo actuaba como intérprete del grupo y enlace con las autoridades), pero estaba prohibida la salida de los refugios y solamente después de repetidas gestiones se logró que Paco llegara a Nieul a principios de abril.
A los pocos días de nuestra llegada a Nieul, el 25 de marzo, el Alcalde me mostró una comunicación recibida del Ministerio del Interior, ordenando  que se preparara una lista de todos los refugiados para ser deportados obligatoriamente hacia España el 28 de marzo.  Daban la opción de cruzar la frontera por dos puntos: por Cerbère hacia Port Bou, Cataluña o por Hendaya  hacia Irún. Entonces, nuestra madre  envió un telegrama  a nuestro padre para informarle de la situación y otro para que se hiciera cargo de Paco, que estaba en el refugio cerca de París.  Afortunadamente  no realizaron  deportación alguna en ese momento.
Mi padre cruzó la frontera con el ejército en retirada, muy probablemente pasó por el campo de Argelés, pues estaba ingresado ya el 16 de febrero en el hospital de Limoux, Aude. Nunca supimos la razón por la cual fue ingresado. Salió del hospital y en la primera semana de marzo ya estaba internado en el campo para oficiales en Montolieu.
Desde Limoux  primero, y en Montolieu después, inicia las gestiones para salir hacia Cuba, donde reside su hermano Emilio. Recibe dinero de su hermano y la documentación necesaria que le permite salir del campo para dirigirse a París; obtiene pasaportes y pasajes para él y el abuelo y luego llega a Nieul para vernos y recoger al abuelo. Pasa unos días con nosotros y durante su estancia,  hace buena amistad con dos maestros, que luego sirvieron de intermediarios para recibir los giros que nuestro padre nos enviaba de Cuba. El 11 de mayo se despiden de nosotros y ambos salen por Burdeos hacia Cuba el 13 de mayo 1939.
En la segunda quincena de mayo, en el refugio restringen la alimentación y posteriormente lo clausuran, enviándonos a otro situado en Beaune les Mines. 
Beaune les Mines era un pequeño poblado rodeado de bosques, que sirvió de alojamiento a los trabajadores de una mina, en aquellos momentos abandonada. El refugio no tenía buenas condiciones, estaba a 4 km de Rilhac Rancon, donde se encontraba las oficinas oficiales, escuela, tiendas, correo, etc,  por lo cual era necesario ir hasta allí diariamente para realizar cualquier gestión. En Rilhac Rancon logramos, a fines de mayo, matricularnos en la escuela donde íbamos diariamente, obteniendo muy buenos resultados gracias a las clases de francés recibidas en Castelltersol. Posteriormente, los maestros de Nieul  alquilaron para nosotros una  casita por 60 ƒ/mes,  con el dinero que les enviaba nuestro padre.  La” casa”,  era una habitación con dos camas, una para la madre y la tía, otra para los cuatro hermanos, una cunita para Gonzalo y una sola silla para mi madre; eso era todo, ni mesa teníamos, escribíamos sentados en el suelo, apoyando los papeles sobre las rodillas. No tenía servicio de agua.
Durante el verano, nuestra madre, preocupada como siempre por nuestra educación, le pagó a un maestro para que nos diera clases durante las vacaciones. La tía, desde París, continuó enviando  paquetes con comida y recibíamos de nuestro padre pequeños giros a través de los maestros de Nieul, lo cual nos permitió vivir mejor que en Castelltersol. Los gendarmes  nos visitaban con frecuencia para tratar sobre la deportación; les mostrábamos las cartas y giros recibidos y se contenían, pero insistían en deportar a la tía.  
Desde su llegada a Cuba nuestro padre realizó múltiples gestiones tratando de obtener ayuda para que pudiéramos salir hacia allá. Sus solicitudes no surten efecto alguno, solamente existe constancia de que la Casa de la Cultura y Asistencia Social ofreció $25.00, teniendo en cuenta que otros muchos estarían en las mismas circunstancias que nosotros.
Llega el mes de agosto, no podemos ir a la escuela pues dicen que llegarán 200 soldados franceses, pasan muchos aviones, llaman a filas, requisan autos y caballerías… Hay rumores de que se acerca la guerra. La tía Carmen abandona París, pasa a vernos el 19 de agosto, para luego dirigirse hacia el sur y  salir posteriormente hacia España. En agosto nos visitan los gendarmes para conocer donde se encuentran nuestro padre y el abuelo, les informamos y nos dejan tranquilos por un tiempo.
Hay presagios de guerra, la cual estalla el 1 de septiembre de 1939. Inmediatamente decretan la movilización general, empiezan a llegar refugiados del norte, fundamentalmente alsacianos. Los maestros de Nieul vinieron a despedirse, habían sido movilizados. Recibimos un cheque de nuestro padre, no hay transporte, vamos con nuestra madre a pié hasta Limoges, a 10 km, para poder cobrarlo. En octubre empiezan las clases pero no nos aceptan en la escuela.
Mi padre, con el fin de poder sacarnos de Francia hacia Cuba, obtiene el 2 de octubre de 1939 , un Acta Notarial, en la cual declara, conjuntamente con dos testigos, que nuestra abuela materna era cubana, según consta en documentos que se quedaron en España, nacida en Güira de Melena, de lo cual existía constancia  en la parroquia. Por lo tanto nuestra madre, nosotros y la tía éramos cubanos. (La abuela nació en Cazanes, aldea cerca de Villaviciosa).
Mediante la referida Acta se inicia en el Ministerio de Estado el expediente  para nuestra repatriación hacia Cuba. El 10 de octubre, el Cónsul cubano en Burdeos, de acuerdo a instrucciones recibidas, se pone en contacto con  nosotros y nos envía los formularios para solicitar los pasaportes. Nuestra madre envía los formularios, fotos y el dinero, recibiendo  dos  pasaportes, uno para ella e hijos y el otro para la tía, el 11 de noviembre de 1939. Con los pasaportes en nuestro poder, los gendarmes no insistieron en la deportación hacia España.
En diciembre recibimos un telegrama para que nos pongamos en contacto con el Cónsul cubano en Burdeos para proceder a nuestra repatriación, enviamos carta al Cónsul  pidiendo nos informara de la fecha de embarque. El 23 enero 1940 recibimos su respuesta,  diciendo que no estaba fijada y avisarían. Esperamos en vano. Solamente, meses después, el Cónsul se comunicó con nosotros.
El invierno 1939-40 se presentó muy fuerte, en enero bajó la temperatura a -20 C, no teníamos calefacción ni ropa adecuada; una nevada continua por más de 8 días, nos obligó a los cuatro hermanos a permanecer acostados todo el tiempo para poder mantenernos calientes; comíamos en la cama. Escaseaba la leña, la nieve nos impedía ir a buscarla al bosque .El agua para lavarnos, que teníamos  en un cubo dentro de la habitación, se congelaba con una capa de hielo de 3 cm en la superficie.
En febrero mejoró algo el tiempo, continúa el frío y hay bastante nieve, entonces nos contratan para cortar y aserrar pequeños árboles en el bosque, propiedad  una familia francesa que se utilizaba para cocinar y calentarnos. El grupo estaba formado por dos franceses mayores y nosotros, Pepe (10 años), Paco (12 años), yo (13 años), y dos niños refugiados. En el mes de marzo nos pagaron 60 francos para los tres. El primer salario de nuestras vidas.
A finales de mayo empeoran las condiciones y se agrava nuestra situación, somos los únicos refugiados españoles que permanecemos en Beaune, los demás, en su mayoría, se han visto obligados a regresar a España, otros, hacia  otras localidades. Los refugiados alsacianos continúan en  el lugar.
En junio nos llega la tan esperada comunicación del Cónsul para presentarnos en Burdeos y embarcar hacia Cuba, pero nos llegó el mismo día que indicaban zarparía el barco, por lo que fue un nuevo golpe. Al no llegar nosotros a La Habana en el barco en el cual nos esperaban, envían el 26 de junio 1940,  una comunicación oficial al Cónsul solicitando informe sobre el paradero de Teresa Medio y familia. Para nosotros era muy tarde, el ejército alemán había llegado a París el 10 de junio, posteriormente ocuparon toda la costa  atlántica hasta la frontera española; nuestra posibilidad de salir por Burdeos había desaparecido.
En el  mes de julio no nos llegan remesas de Cuba para poder comprar comida, ya no recibimos paquetes de alimentos de nuestra tía, el refugio no existe y nuestras reservas disminuyen.  En esas condiciones mi madre toma, con todo el dolor imaginable, la única decisión posible, no tenía otra alternativa que regresar a España utilizando el dinero que reservaba para el viaje a Burdeos.
Vamos a Limoges, y tomamos un tren para dirigirnos hacia la frontera. Llegamos a la Zona Ocupada, militares alemanes inspeccionan los vagones, al mostrar nuestros pasaportes cubanos nos conceden un salvoconducto que nos permite continuar por la Zona para llegar a Hendaya y cruzar la frontera hacia Irún el 25 de junio de 1940, donde nos vacunan y continuamos  por tren hasta Oviedo, donde vivía Hortensia,  tía materna.
Una vez en Oviedo, informamos inmediatamente a nuestro padre y permanecemos allí mientras en Cuba hacen todas las gestiones necesarias para que nosotros podamos salir.
El 3 de septiembre de 1940 salimos de España por el mismo lugar donde tres años antes habíamos iniciado nuestra peregrinación: el puerto de El Musel, pero ahora en distintas condiciones y con otro destino. Embarcamos en el  “Marqués de Comillas” con rumbo a Cuba, llegando a La Habana el 18 de septiembre de 1940, finalizando así el éxodo familiar y con la posibilidad de iniciar una nueva vida.
En Cuba nos esperaba nuestro padre el cual ya tenía un garaje en San Antonio de los Baños, siendo en esta bella población, localizada al suroeste de La Habana, donde tuvo lugar el reagrupamiento familiar y donde estudiamos y trabajamos duro para reconstruir nuestras vidas lejos de nuestro lugar de origen.

El reconocido caricaturista José Luis Posada Medio

PREMIOS MEMORIA 2010 (Cuba)

Entre las diversas actividades de la XIX Feria Internacional del Libro, está prevista la entrega de los Premios Memoria 2010, por parte del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
En este certamen se presentaron 50 proyectos y entre los premiados figura La casa en un morral, del escritor ariguanabense Raúl Hernández Ortega, quien incorpora este importante reconocimiento a su extensa trayectoria.
El acta del jurado, haciendo referencia al proyecto de Hernández Ortega, señala: Por constituir un proyecto de excelencia con un tema de renovado interés humano. Sin alardes innecesarios el escritor ha logrado —de la primera a la última línea— irnos enamorando del libro que vendrá, cuya estructura además de coherente y funcional, se revela en extremo atractiva.
Por primera vez este autor enfrenta un proyecto de carácter testimonial, en el que se narran las vicisitudes que tuvieron que enfrentar la madre y la tía de los hermanos Posada Medio, quienes en 1937 se vieron obligados a forzosa salida de Villaviciosa, Asturias y después de tres años de avatares por Cataluña y Francia, arriban a Cuba en 1940. Aquí se radican en San Antonio de los Baños, donde se produce el recuentro de las dos mujeres y los cinco niños de la guerra con Eugenio Posada, padre de estos.

27 abr 2011

ASTURIAS-CUBA "los que se quedaron"


Portada del libro Asturias-Cuba "los que se quedaron" con ilustraciones de Rodolfo Pico

Entre 1882 y 1930, hacinados en grandes buques, con escasez de comida y penosas condiciones higiénicas, tuvo lugar el primer éxodo de asturianos con dirección a Cuba en busca de un futuro mejor, lejos de la miseria y la superpoblación que por aquel entonces sufría el campo asturiano. Aquí no había para todos; allí, había sueños y la ilusión de una nueva vida, con posibilidad de conseguir formación y fortuna para el regreso. La guerra de Marruecos (1912-1928), o el deseo de librarse del servicio militar, que por aquel entonces era obligatorio y de larga duración, fueron otros de los motivos que llevaron a cruzar los mares a un gran número de jóvenes, principalmente varones. Cuando por aquel entonces un asturiano partía, siempre tenía en su pensamiento regresar rico a su tierra: algunos los consiguieron, otros no regresaron y nunca y los menos afortunados lo hicieron pobres y derrotados.
A estos primeros emigrantes, les siguieron los que se fueron entre los años 30 y 45 del siglo XX.  A los que partían por razones económicas, había que añadir los que lo hacían por causas políticas: republicanos exiliados, “niños de la guerra” o personas que ya en la Revolución de Octubre del 34, veían venir lo que se avecinaba y huían con sus hijos, reclamados por familiares que ya estaban asentados en la isla. La dura postguerra española, volvió a ser la causante de una nueva oleada migratoria de asturianos, muchas veces obligados por la propia subsistencia. En numerosos casos, estos asturianos eran recibidos por familiares o amigos que ya tenían negocios en la isla, principalmente comerciantes, bodegueros o industriales en general, que ya se habían abierto camino en Cuba.
A partir de finales de los años 50 del pasado siglo, con el triunfo de la Revolución Cubana, el histórico flujo migratorio entre Asturias y Cuba desapareció, invirtiéndose el proceso. Ahora, son los hijos y nietos de esos emigrantes, los que desean retornar, por los mismos motivos que lo hicieron sus padres y abuelos.
Al inicio del año  2010, tan solo quedaban 256 personas nacidas en Asturias, con residencia en Cuba, mayoritariamente en su capital, La Habana. Transcurridos diez meses desde la toma de datos, han fallecido 14 asturianos, alguno de ellos, a los pocos días de hacerles la entrevista que ahora se publica. Nos hubiera gustado reencontrarnos con los cien mil que algún día formaron parte del Centro Asturiano de La Habana, pero sirva de ejemplo este muestreo, hecho entre los que pudieron atendernos, a pesar de la ola de frío que atacó a La Habana cuando se iniciaba el 2010 y que impidió a muchos  asistir a las convocatorias organizadas por la Dirección del Centro Asturiano, o a nosotros poder visitarles en sus casas, debido a la falta de tiempo.
El actual Centro Asturiano de La Habana, o lo que es lo mismo, la Federación de Asociaciones Asturianas, tiene su sede en el número 309 del bellísimo Paseo de Prado, el cual se extiende desde El Malecón hasta el Parque Central de La Habana, donde se asoman los grandiosos edificios del primitivo Centro Asturiano, hoy convertido en Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro Gallego, sede del Gran Teatro de La Habana y del Ballet Nacional de Cuba. En esta nueva sede, desde la intervención en 1960 del antiguo edificio, se reúnen y organizan los nativos y sus descendientes, a través de cada una de las sociedades de las que se compone la Federación, heredera de la importante historia asociativa que los asturianos dejaron en la isla.
La primera de las sociedad fundadas en Cuba por los emigrantes asturianos fue la Sociedad de Beneficencia, inaugurada el 8 de septiembre de 1877 en honor a su patrona, la Virgen de Covadonga, con el objetivo de ayudar a los más necesitados, tanto a los que vivían en Cuba como a los que se habían quedado en su tierra y padecían una situación de miseria, e incluso a los que vivían en otro lugares de América. 
Casi nueve años más tarde, el 2 de mayo de 1886, tuvo lugar el inicio del que llegaría a ser el gran Centro Asturiano de La Habana, donde en un principio no se admitía a las mujeres como socias. Fue fundado por un grupo de cincuenta asturianos con el objetivo de procurar atención sanitaria, formación y ocio a todos los asturianos y sus descendientes. Su primer presidente fue Manuel Valle Fernández, esposo de Concha Heres y cuya estatua preside la Quinta Covadonga.
La primera de sus sedes, adquiridas en 1887 al antiguo Casino Español, fue arrasada el 24 de octubre de 1918 por un incendio, siendo  sustituido por uno de los edificios más grandiosos y lujosos de América, obra del famoso arquitecto Manuel del Busto, cubano residente en Gijón, el cual gana el concurso para su diseño y cuyo estilo, perteneciente al Renacimiento Español, le vino impuesto.
El Palacio del Centro Asturiano de La Habana, cuya primera piedra fue traída  de las canteras de Covadonga, ocupa una manzana completa en pleno centro de la ciudad, con fachada al Parque Central. Fue inaugurado en 1927, después de tres años del inicio de las obras, a pesar de la gravedad de las crisis económicas que asolaban al mundo, lo que pone de manifiesto el tesón de la comunidad asturiana. Su fundación corrió a cargo de los emigrantes con mayor poder económico, y si bien en un principio sus principales actividades eran las recreativas, con el tiempo se fue diversificando. Varias dependencias fueron destinadas a  funciones administrativas y aulas de enseñanza, donde estudiaron la mayoría de los hijos de los emigrantes (Plantel Jovellanos).  A su vez, se creó el Banco Asturiano de Ahorro, con sede en el mismo edificio social.
En 1960, el edificio del Centro Asturiano de La Habana fue nacionalizado para ser ocupado por el Tribunal Supremo Popular. Posteriormente, el interior del edificio fue totalmente rehabilitado y adaptado para su conversión en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba y paradójicamente fueron eliminadas parte de las obras de arte que albergaba su interior, entre las que destacaba una magnífica lámpara compuesta por tantos cristales de bohemia como municipios asturianos, de la que se dice fue a parar a manos de los rusos.
A partir de la nacionalización del local social, los asturianos que permanecieron en la isla fundaron ese mismo año la Federación de Asociaciones Asturianas en Cuba, bajo la presidencia de Marcelino Albuerne López, natural de Cudillero, fijando su sede en el Paseo de Prado, continuando, con gran esfuerzo de sus directivos y asociados, con la obra social y cultural iniciada en la segunda mitad del siglo XIX.
La actual Federación (FAAC), que recientemente ha cumplido 50 años, se compone de 34 sociedades asturianas y otras 10 de origen castellano-leonés, gallego y andaluz, las cuales cuentan con unos 18 mil socios. La Junta General de la Federación, compuesta por los delegados de las sociedades, es el máximo órgano de la entidad.
En la actualidad, en la sede del Paseo de Prado, existen dos restaurantes abiertos al público, donde se puede disfrutar de la buena cocina y la hospitalidad de los asturianos en La Habana, así como en el restaurante de la Juventud Asturiana, situado frente al edificio del Capitolio, lugares de obligada visita para los asturianos que viajan a la isla y desean contactar con la historia pasada y presente de Asturias en Cuba.
Con posterioridad a la creación del Centro Asturiano de La Habana, en el año de 1897, se fundó la Casa de Salud Covadonga o Quinta Covadonga, la cual llegaría a ser una auténtica ciudad hospitalaria en los años veinte del pasado siglo.
Con el triunfo de la Revolución, la Quinta Covadonga fue asimismo intervenida por el Estado Cubano y pasó a convertirse en el Hospital Salvador Allende. En el municipio de Cerro de la ciudad de La Habana, pueden visitarse las antiguas instalaciones, cuyo edificio principal conserva el nombre de “Asturias”.
Otra de las instituciones vinculadas a los asturianos es el El Asilo Santovenia, atendido por la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados desde el 2 de febrero del año 1886, cuando tomaron posesión de la Quinta Santovenia, donada por Dª Susana Benítez de Parejo. Con la llegada de la Revolución la congregación fue excepcionalmente respetada, pudiendo continuar con su valiosísima obra hasta nuestros días.
La última morada de los asturianos en Cuba, era y es el Cementerio Colón de La Habana, donde el Pabellón de la Beneficencia Asturiana, ocupa un lugar relevante. Este impresionante cementerio ha sido declarado Monumento Nacional y se encuentra situado en las proximidades de la Plaza de la Revolución. Inaugurado en septiembre de 1872, está concebido como un campamento romano, diseñado por el arquitecto español Calixto de Loira y en él proliferan las obras de arte asociadas al más allá, la mayoría de ellas realizadas con mármol blanco de Carrara.
Según palabras del emigrante asturiano de mayor de edad, Constante Díaz Luces: “El Cementerio Colón es un buen sitio para descansar definitivamente, allí, hasta en el invierno, hace calor…”
Como habíamos dicho en páginas anteriores, en enero de 2010, quedaban 256 asturianos nativos en Cuba. A finales de este mismo año, la cifra ha descendido hasta los 242, cuando hace apenas siete años, el número se duplicaba; la gran mayoría viven en la ciudad de la Habana, donde residen 203 asturianos, seguidos por la ciudad oriental de Camagüey con 21. El resto se dispersa, en menor número, por otras ciudades como Villa Clara, San Antonio de los Baños, Sancti Spíritus, Holguín, Cienfuegos, Ciego de Ávila, Las Tunas, Matanzas, Pinar del Río, Santiago de Cuba e Isla de la Juventud.
Las mujeres superan en más del doble a los hombres; mientras que el saldo femenino es de 172, los varones se contabilizan en número de 84 y en cuanto a la edad, tan solo quedan 8 emigrantes menores de 65 años, mientras que el menor de ellos tiene 56 años, el mayor ya ha cumplido los 100.
Por lugar de nacimiento, el concejo asturiano que cuenta mayor número de nativos es el de Valdés, con 33 emigrantes, seguido por los de Tineo, Oviedo, Gijón y Cabrales. De los 78 concejos asturianos, 55 aún tienen representantes en la isla, los cuales, una vez cumplida la edad de jubilación, reciben la “pensión no contributiva” del Gobierno Español, que les permite vivir muy por encima de la media de los cubanos. Los menores de esa edad, reciben una ayuda anual del Principado de Asturias, mientras que los “niños de la guerra”, con un censo de 13 emigrantes, disfrutan de una mayor remuneración. Anualmente, mediante el Plan Añoranza o los viajes del Imserso, visitan sus lugares de origen, compaginado con unos días de vacaciones en las costas españolas. La gran mayoría, tiene el mismo sueño o deseo: regresar para quedarse definitivamente en su tierra, con las contradicciones propias de quien ha hecho su vida muy lejos de su lugar de origen, que a su vez les hace expresar un sentimiento de duplicidad: su corazón, está partido, entre Cuba y Asturias.
Mucho es lo que se ha escrito sobre la emigración asturiana, mucho es lo que todavía quedar por decir, especialmente sobre los que nunca retornaron o los que lo hicieron pobres y derrotados. La intención de este trabajo es hacer un pequeño homenaje a los nacidos en Asturias que aún permanecen en la isla, un pequeño recordatorio con toda nuestra admiración y cariño hacia esas mujeres y hombres, abuelos en su mayoría, que no queremos olvidar y a los que tanto debemos, cuyo sueño, en la mayoría de los casos, es regresar de nuevo a su tierra.
En tiempos de bonanza, fueron los emigrantes los  que enviaron remesas a los familiares que permanecían en Asturias, ahora nos toca a nosotros, al menos, pagarles con la misma moneda, ya que “los que se quedaron” no son precisamente los más pudientes, sino esa clase trabajadora y comprometida que le tocó, por uno u otro motivo, luchar lejos de su tierra y de su gente y de los que casi nunca se habla.


Manuel Peláez López con su madre. Este reconocido asturiano, ha sido el inventor de la Ceremonia del Cañonazo.

25 abr 2011

Asturianos en Cuba



Por fin ya he escaneado el libro Asturias-Cuba los que se quedaron. El acceso se encuentra en la página de inicio de este blog.

Estos son algunos de los asturianos entrevistados. 

Ismael Ramón Caso Gómez. Besnes (Peñamellera Alta). 1928.

Imagen del buque Magallanes, en el que Ismael partió para Cuba desde el puerto de Bilbao. Contaba con 20 años y su objetivo era reunirse con su padre, bodeguero en La Habana desde 1914.

Mario Bode Peón. (Linares-Ribadesella)  1927
fallecido pocos días despues de haberle hecho la entrevista en enero de 2010. Ocupó la presidencia de la Asociación de Cangas de Onís-Parres-Amieva, durante más de 20 años y fue uno de los principales promoteres de la cultura asturiana en Cuba.


Manuel Betancourt Coello. La Franca (Ribadedeva) 1935. En la foto, nos enseña el certificado que recibían los que viajaban en avión a inicio de los años 50 del pasado siglo.


Aida Ambou en La Habana (2010)


Aida Ambou Hidalgo, hija del fundador del Partido Comunista de España, Juan Ambou, en brazos de su madre Mercedes, en Oviedo 1937.

Isabel Argentina Álvarez Morán, "niña de la guerra" ha vivido una vida de novela, llena de dificultades y sufrimientos, que no le han quitado la fortaleza ni la sonrisa. ¡Brindamos contigo, Isabel!.

Ángel Álvarez Mon (Boal 1926), junto a su esposa Rosa Colad, conocido con el "Gallego Álvarez", es uno de los futbolistas leyenda del fútbol cubano.




Luis Juan Alonso Cuesta (Oviedo) 1945