En la aldea de San Román de Amieva se localizaba un hórreo de especial interés por ser el más oriental de Asturias que contaba con un liño decorado con dibujos geométricos perteneciente al llamado “estilo Villaviciosa o de tradición medieval”, que aparece en los hórreos más antiguos de la región, datados entre los siglos XVI y XVII, además de poseer dos puertas decoradas de diferente cronología
Desgraciadamente, durante la noche del 13 de noviembre de 2014, un fuerte vendaval derribó el hórreo que ya presentaba graves deficiencias de conservación por el abandono de sus propietarios y cuyos restos, después de larga lucha, conseguimos recuperar gracias a la implicación directa del incansable presidente de la Asociación Cultural y Recreativa "El Texu" de San Román, mi querido amigo José Antonio López Crespo, única persona que cuida con esmero todo lo referente a la historia y etnografía de su inolvidable lugar de origen.
Casi dos años se tardó en recuperar las piezas más valiosas y hoy en día se encuentran expuestas en el local de la Asociación, situado en los bajos de la antigua escuela y a disposición de todos aquellos que deseen visitarlas.

El granero se encontraba situado en una pequeña parcela en pendiente, de titularidad pública, situada en el barrio de Cimavilla de San Román, frente a Casa Joseíto y su interior estaba dividido en cuatro cuartos.

El granero se encontraba situado en una pequeña parcela en pendiente, de titularidad pública, situada en el barrio de Cimavilla de San Román, frente a Casa Joseíto y su interior estaba dividido en cuatro cuartos.
En el momento del derrumbe sus propietarios eran: Robustiano Simón Crespo, por herencia de su madre doña Aurora Crespo Arduengo; doña Aurelia Coviella Crespo; doña Sara Coveilla Arduengo, por herencia de su madre doña Tomasa Arduengo Vega y doña Gloria Coviella Coviella, por herencia de uno de sus abuelos maternos, Ruperto o Matilde (fuente: José Antonio López Crespo).
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| Plano de San Román (Catálogo Urbanístico del concejo de Amieva). Elaboración propia. |
El hórreo se sustentaba por cuatro pies troncocónicos de madera o "pegoyos", con sus caras facetadas, como es común en todo el concejo, que apoyaban en soleras calizas o "pilpayos”. Los “pegoyos”, de distintas alturas, se adaptaban al desnivel del terreno, mientras que entre ellos aparecían otros troncos de árboles como refuerzo. Sobre éstos descansaban sus correspondientes losas circulares de piedra o “pegoyeres”. Sobre esta base asentaban cuatro vigas de madera de castaño “trabes d´abaxu”. Esta estructura soportaba la habitación cuadrada del hórreo, cerrada por tablas verticales de madera o “cureñes” o "colondras" de anchos irregulares, lo que es común en los hórreos de mayor antigüedad.
Al interior se accedía por cuatro puertas, dos de ellas decoradas, situadas en el lado que daba al camino. Las puertas laterales no mostraban especia interés pues, según palabras del presidente de la Asociacion "las realizaron uniendo dos cureñes, a una de ellas le adaptaron una pieza de madera tanto en la parte superior (gonciu) como en la inferior (gurrión) para hacer la función del giro, facilitando la apertura y cierre de la misma, en el 1/4 de la parte sureste se ejecutó la misma operación, en este caso con un listón cilíndrico"
Un tablón, igualmente de madera, llamado “tenobia”, “tanobia” o “talamera”, facilitaba el acceso a las puertas. Sobre “les cureñes” aparecían cuatro vigas, los “trabes d´arriba”, “petriles” o “liños” donde en el principal se encontraban unos sencillos pero valiosos dibujos geométricos que datan a esta pieza dentro del estilo Villaviciosa o de tradición medieval. Desconocemos si el “liño” fue traído de otro lugar o aprovechado de otro hórreo anterior, o bien corresponde al momento inicial su construcción.

En la parte superior del liño, podemos apreciar una sencilla cruz protectora y unas ligeras tallas en "punta de diamante" en la parte baja, a la derecha.
Sobre el liño se situaba otra estrecha viga de madera llamada “sobreliño” que sirve para amortiguar el contacto con las tablas que forman la cubierta, compuesta por una estructura piramidal realizada íntegramente por piezas de madera de castaño. El alero de la cubierta se reforzaba por “tentemozos”, sencillos tablones que se apoyaban en el alero y los “trabes d´abaxo”.
Cubría a cuatro aguas con teja curva árabe, muy probablemente, fabricadas por los Teyeros de Llanes, los cuales visitan asiduamente el concejo hasta los años 60 del pasado siglo y de cuya actividad quedan los restos de dos “teyeres” situadas en las proximidades de San Román, además de un interesante horno, aún recuperable, localizado en las inmediaciones de la Collada y al pie de la Sierra de Amieva.

El hórreo después del derrumbe (sin palabras...)
En este estado permaneció largos meses y por fin, alguien, sin preguntar, encargó a un operario que recogiera las piezas y las ordenara por su cuenta sin ningún tipo de asesoramiento. El liño dibujado quedó atrapado entre los escombros y solo gracias a la ayuda de José Antonio López Crespo se pudo rescatar una parte. A pesar de todo, ese día no lo olvidaremos (1/08/2015) y a pesar de la oposición a la que estamos sometidos, permanecerá a buen recaudo como joya de nuestro arte más humilde y ancestral.
Las piezas más valiosas rescatadas:

- Liño dibujado

A pesar del trato al que se ha visto sometido, las pinturas se resistieron a desaparecer...
Los sencillos dibujos de este liño, se corresponden con pequeños triángulos en negro realizados con carbón vegetal, entre los que se intercalan pequeños círculos. Este tipo de decoración aparece en los hórreos más antiguos de la región, siendo éstos los más orientales y los únicos dibujos de este estilo del concejo de Amieva.

En este caso, podemos comparar los dibujos del liño con los existentes en la benditera y en pila bautismal de la Iglesia Parroquial de San Román de cronología igualmente medieval, donde aparecen las características figuras geométricas.

- Las puertas talladas
Los hórreos del siglo XVI, suelen tener sus
puertas situadas
en el lado principal por el que se accede a la habitación. Este elemento es el que sufre una mayor
transformación, siendo muy escasos los hórreos que conservan sus puertas
originales.
Las puertas más antiguas constaban de dos listones
verticales con grandes bocallaves de chapa forjada de forma triangular o
cuadrada y aldaba (argolla de hierro) del mismo material. En estas antiquísimas puertas aún se pueden ver las huellas de esas viejas cerraduras.
La puerta de mayor antigüedad es la de la derecha, compuesta por dos listones verticales superpuestos y resaltados de la base, clavada a ella con artesanales puntas de hierro de abultadas cabezas, todas diferentes. Esta puerta cuenta con una sencilla composición artística de forma romboidal, realizada por incisiones que imitan un sogeado. Conserva aldaba de hierro forjado y goznes de madera para hacer el giro, otro de los elementos que nos hablan de su gran antigüedad.


La puerta izquierda ha sido claramente sustituida y no se corresponde con la original.
La decoración frontal responde a las puertas imperantes en el siglo XVIII, compuesta por cuarterones cuadrados o rectangulares, con peinazos ensamblados. Estos cuarterones se tallaban con molduras en ángulo para conjugar líneas y planos, obras de artesanos carpinteros de los que desgraciadamente no conocemos sus nombres.

En este siglo desaparecen los goznes de madera y la forma de sujeción se realizaba por bisagras de forja tradicionales fijadas con clavos de herrero o tirafondos. Los tiradores igualmente de este material, presentaba formas más variadas.
La huella de los habitantes de San Román
La madera de nuestros hórreos y paneras ha sido utilizada desde siempre como lienzo, donde los niños y artistas locales dibujaban o tallaban desde simples iniciales y nombres a todo tipo de temáticas, al igual que ocurre con las valiosas pinturas sobre la Guerra de la Independencia que hemos detectados en otros hórreos de Carbes y Vis, además de otras de gran interés, por su rara temática, que aparecen en una panera de Santoveña.
Talladores y pintores de gran calidad, en su mayoría desconocidos, fueron los que hicieron que nuestros hórreos y paneras fueran reconocidos en Europa por su alto interés artístico y fueran incluidos como uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura europea en madera en el proyecto internacional del Consejo de Europa Wooder cultura throughout Europe (2002). Y como suele ocurrirnos en nuestra Asturias, si exceptuamos al insigne Jovellanos, el primer investigador que trata sobre el hórreo asturiano fue el polaco Eugeniusz Frankowski en su obra Hórreos y palafitos de la península Ibérica (1918), cuyo testigo retomaron otros autores asturianos en los años 80 del pasado siglo, entre los que destacan Florencio Cobo, Armando Graña o Juaco López, actual director del Museo Etnográfico del Pueblo de Asturias de Gijón.
Año tras año, los hórreos y paneras que lograron mantenerse en pie desde tiempos remotos van desapareciendo de nuestra geografía debido a que ya no son necesarios para conservar las cosechas y al abandono de las actividades tradicionales. Desaparecen ante nuestra general indiferencia sin darnos cuenta de que son auténticas reliquias etnográficas, representativas del arte popular y testigos de nuestra historia, realizados por nuestros antepasados, artesanos y artistas que se merecen nuestra admiración y respeto.
En San Román, aún quedan en pie tres hórreos, de los cuales solo uno se mantiene en buen estado de conservación, mientras que los otros dos, localizados en el barrio de La Caviella, pronto pasarán a forman parte del recuerdo si no se remedia urgentemente su estado. La titularidad compartida, el desconocimiento general de su valor y la falta de uso son sus principales enemigos.










