Existe un lugar muy especial, escondido entre los pliegues montañosos del concejo de Amieva que para mi estará siempre esperando en mi memoria para volver a ser sentido.. Cuando la rutinaria vida de la ciudad se hace penosa, no dudo nunca en volver una y mil veces porque sé que aunque llueva, aunque la niebla quiera esconder hasta la más pequeña hierba, esa sensación me hará viajar a otro mundo.
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| 6 de diciembre de 2017 |
Da igual la estación del año que sea, pero cuando por fin llegan las primeras nevadas aún es todo más hermoso.
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| 14 de agosto de 2017 |
A este punto geográfico -la cumbre de una collada que separa dos pequeños pueblos de montaña- habría que llegar con los ojos tapados y entonces se abrirá ante nosotros uno de esos paisajes deslumbrantes que cambiará con cada estación del año.
A la izquierda de la imagen podemos ver las estribaciones de la sierra de Amieva, en el centro el macizo del Cornión o macizo occidental de los Picos de Europa, a la derecha en primer plano los montes de Valleyes del Cabezu y del Requexu, junto con la subida a Ordes y Baenu, mientras que tras ellos destacan las cumbres totalmente nevadas del Picu Cabroneru (2000 m.) y la de Valdepino (1745 m.) que forman parte del denominado Precornión, unidad geomorfológica entre los ríos Sella y Dobra y a nuestros pies las verdes praderías del pueblo de Amieva que aún siguen siendo ricos pastos para el ganado, antes de que las nieves los cubran en su totalidad.
Desde este punto de observación, la sierra de Amieva, con sus cumbres del Primiellu y los Redondos que superan los 1000 m.s.n.m. parecen unirse al Corníón, si bien se encuentra separada del mismo por el estrecho abismo ocupado por el cauce del purísimo rio Dobra, el cual transcurre tras la sierra de Amieva excavando una hoz estrechísima y vertical, accesible tan solo para los más valientes.
Las verticales paredes calizas del Corníón, durante los veranos presentan verdes alfombras de rica hierba apenas ya utilizada por los ganaderos que siguen llevando sus reses a estos dificilísimos enclaves, siendo uno de ellos mi amigo Narciso Llanes Redondo, el mítico pastor de Ozania, el cual es el principal conocedor de la zona y auténtico montañero de élite, siempre dispuesto a ayudar, cuando se pierden por estas verticalidades, a animales o personas.
Entre todas las cumbres del Cornión, mi favorita es la torre de la Cabra Blanca, con su vertical pared oeste que hace las veces de espejo para reflejar los últimos rayos del sol. A su izquierda aparecen los Traviesos y a su derecha el Diente.
Y no menos bellos, a la izquierda de nuestro punto de mira, sobresalen las cumbres del Picu Cabroneru, vigía de la Senda del Arcediano y al oeste la de Valdepinu; ambos recogen en sus laderas ancestrales asentamientos pastoriles rodeados de riquezas naturales de primer orden.
Y cerrando el círculo, hacia el W aparecen los montes del vecino concejo de Ponga, igualmente espectacular y declarado en su totalidad Parque Natural. Aunque la borrasca ya se iba acercando y la luz era más débil, la cumbre del Recuencu -que desde esta latitud se asemeja a una pirámide- no quiso dejar de salir en la foto para mostrar igualmente su belleza que nos sorprenderá por lo cambiante de sus diferentes caras.
No hizo falta ir más lejos, mejor quedarse horas contemplando la evolución de la luz y no perderse este espectáculo. Cuando regresé, ya era otra... como dice la canción, en esta tierra "poco a poco resucito".
Nos veremos en el monte... Feliz cambio de estación.










